Iván Jaksic recorre cuatro décadas de filosofía chilena en nuevo libro de Editorial Universitaria
La normalidad filosófica reúne ensayos escritos a lo largo de cuarenta años de investigación, abordando el desarrollo del pensamiento nacional e hispanoamericano, el rol de la universidad y las tensiones entre profesionalismo, crítica y política.
Editorial Universitaria presentó La normalidad filosófica, nuevo libro del historiador y filósofo Iván Jaksic, Premio Nacional de Historia 2020, una obra que ofrece una mirada profunda y transversal sobre la evolución de la filosofía chilena y latinoamericana, desde mediados del siglo XIX hasta la actualidad.
El volumen reúne ensayos elaborados durante más de cuatro décadas de trabajo académico, en los que el autor examina los vínculos entre la reflexión filosófica local y los debates intelectuales del hemisferio y del mundo. A través de este recorrido, Jaksic propone una clave interpretativa central: la tensión permanente entre “profesionalismo y crítica”, distinción que permite comprender cómo los filósofos han transitado entre distintas escuelas, disciplinas y compromisos públicos.
La obra aborda momentos decisivos de la historia intelectual del país, como el desarrollo del pensamiento universitario, la influencia del positivismo en la educación, el legado de figuras como Andrés Bello, Valentín Letelier, Enrique Molina, Jorge Millas y Juan Rivano, así como el impacto que tuvo la intervención militar en las universidades chilenas tras 1973, un quiebre que marcó profundamente el quehacer académico y cultural.
Dividido en dos grandes secciones (filosofía chilena y filosofía hispanoamericana), el libro amplía su mirada hacia problemáticas continentales como la identidad latinoamericana, el humanismo anti tecnológico y los debates contemporáneos sobre raza, etnicidad y nacionalidad. El cierre del volumen está dedicado al aporte del filósofo Jorge J. E. Gracia, figura clave en la reflexión sobre identidad latina en el ámbito internacional.
Iván Jaksic, autor también del reconocido Andrés Bello, la pasión por el orden, dirige actualmente el Centro de Estudios de la Universidad de Stanford en Chile y la Cátedra Andrés Bello en la Universidad Adolfo Ibáñez. Su trayectoria combina investigación histórica, reflexión filosófica y análisis del rol de la universidad como espacio de pensamiento crítico.
La normalidad filosófica se presenta como una obra de referencia para estudiantes, docentes, investigadores y lectores interesados en comprender cómo se ha construido el pensamiento filosófico en Chile y América Latina, y cómo éste dialoga con los grandes debates del mundo contemporáneo.
La doctrina del shock previsional: Cómo nuestros ahorros terminan financiando las guerras del imperio
Por Eduardo Álvarez. Quilpue.
Todos los meses somos testigos de nuestro ahorro para la vejez. Ese famoso porcentaje que va a parar a las AFP. Pero ante esto sabemos una verdad también incómoda: esta plata es mía. Esto es el sudor de veinte años de trabajo, los turnos nocturnos, las locomociones colectivas. Y, sin embargo, está ahí, inasible, convertido en un número más dentro de una masa financiera que viaja a alguna parte.
La pregunta incómoda, la que nadie formula en la opinión pública, es: ¿a dónde llega a parar exactamente?
El último informe de la Superintendencia de Pensiones (2025), correspondiente al último trimestre de 2025 (octubre-noviembre-diciembre), revela algo que debería inquietarnos. De los 239 mil millones de dólares que hemos acumulado los trabajadores chilenos a lo largo de décadas, una parte importante —42.601 millones de dólares para ser exactos— está invertida en Estados Unidos. Y de esa cifra, una parte significativa corresponde a bonos del Tesoro. Es decir, a préstamos que le hacemos al gobierno del país que, entre otras cosas, sostiene el bloqueo más largo de la historia contemporánea contra el pueblo de Cuba y acaba de solicitar 500 mil millones de dólares adicionales para financiar su guerra con Irán.
Conviene detenerse un momento en este dato, no para hacer una crítica antiimperialista de manual, sino para preguntarse por el origen de esta operación. ¿Cómo es posible que el ahorro de un profesor rural de Cabildo, de una temporera de Hijuelas, de una pobladora de Villa Alemana, termine convertido en liquidez para el Pentágono? ¿Qué laberinto financiero tan sofisticado permite que nuestro dinero, ganado con esfuerzo en una economía dependiente y periférica, se transforme en dólares que abultan la caja de la primera potencia militar de la historia?
La respuesta técnica es sencilla: las AFP buscan “seguridad” y “rentabilidad”. Y en el imaginario financiero global, no hay activo más seguro que un bono del Tesoro estadounidense. Es la confianza absoluta en que el imperio, por más deudas que acumule, por más guerras que desarrolle, siempre pagará. Es la fe puesta en la capacidad de Washington de extraer recursos del mundo entero para honrar sus compromisos. Es en definitiva, la aceptación de que nuestra vejez depende de la salud financiera de quien hoy bombardea Medio Oriente y amenaza con intervención militar a nuestra América Latina y el Caribe.
Aquí aparece la primera paradoja, la que debiese hacernos reflexionar sobre los límites de la racionalidad técnica. Las AFP, entidades privadas que administran un bien público (nuestros ahorros), toman decisiones que parecen estrictamente financieras pero que tienen implicancias políticas profundas. No es que haya una reunión secreta donde se decida “financiemos la guerra”. Es que la lógica misma del sistema —la búsqueda de la máxima ganancia con el mínimo riesgo— conduce inevitablemente a colocar el dinero donde el poder global lo necesita. No hay complot, hay estructura. No hay conspiración, hay inercia del capital.
Pero entonces aparece la segunda paradoja, más doméstica y no menos irritante. En Chile nos escandalizamos cuando el gobierno destina 1 millón de dólares en ayuda humanitaria a Cuba. Saltan las declaraciones a través de las editoriales de los medios de comunicación, las comparaciones con la pobreza local, el fanatismo moral del ejercicio democrático. “Cómo se les ocurre”, dicen, “si aquí falta plata para las pensiones, para la salud, para las viviendas”. Y, sin embargo, esa misma indignación no se activa cuando las AFP envían, en un solo trimestre, 2.555 millones de dólares al exterior en remesas netas. Es decir, más del doble de todo lo que Chile ha destinado a cooperación internacional en la última década, pero en tres meses.
Uno podría preguntarse, qué es más indignante, ¿un gesto simbólico de solidaridad con un pueblo bloqueado durante más de sesenta años, o el desvío sistemático de nuestros ahorros hacia la economía del país que aplica ese bloqueo? La respuesta parece obvia, pero no lo es en el debate público. Porque el primer caso es político e ideológico. El segundo es técnico, financiero, cubierto por una sábana de neutralidad que lo vuelve invisible.
He ahí la trampa, pero no la trampa neoliberal como categoría abstracta, sino la trampa cotidiana en la que estamos metidos hasta el cuello. Nos han convencido de que la diversificación es un imperativo técnico incuestionable, de que los mercados financieros son el único horizonte posible para nuestros ahorros, de que pensar en invertir en Chile – en industrializar el país, construir un sistema de salud digno, garantizar viviendas dignas – es un gustito irresponsable. Y mientras tanto, el dinero termina donde el capital lo necesita.
Uno lee los informes de la Superintendencia y encuentra detalles que son pequeñas joyas para los lectores. Por ejemplo, que los fondos más conservadores – de las y los trabajadores más cercanos a jubilarse – son precisamente los que tienen mayor exposición a inversión en renta fija extranjera.
La pregunta es, ¿qué hacer con esta información? No basta con la denuncia retórica. Se trata más bien de comenzar a nombrar las cosas por su nombre. Una transferencia de recursos desde la periferia hacia el centro, desde los trabajadores hacia el capital financiero global, desde el sur hacia el norte. Y preguntarse, con honestidad y humildad, si no hay otra forma de hacer las cosas.
Porque Chile no es un país pobre. Chile es un país desigual. Tiene recursos de sobra para garantizar pensiones dignas, pero esos recursos están mal administrados, mal invertidos, mal dirigidos. La pregunta no es si debemos o no invertir en el extranjero, sino cuánto, cómo, con qué criterios y, sobre todo, con qué límites democráticos.
Mientras tanto, todos lo meses vemos en nuestras liquidaciones de sueldo el ahorro obligatorio para nuestra vejez, y pensamos: esto es mío. Esto es mi vida. Sin embargo, está allá, al otro lado del mundo, financiando quién sabe qué. Y eso debería incomodarnos. Debería movilizarnos a exigir respuestas que hasta ahora nadie ha dado.
Porque el futuro de las y los trabajadores no puede ser esto. Trabajar toda una vida para que, al final, nuestros ahorros vayan a financiar las guerras de otros. Eso, más que una mala política, es una estafa existencial. Y las estafas existenciales, tarde o temprano, se pagan.
Matrimonio igualitario: más de 9 mil bodas y 930 personas inscritas como hijas de dos madres o dos padres
Del total de matrimonios del mismo sexo, el 56% lo celebraron mujeres y el 44% hombres. 162 parejas se separaron, el 1,7% del total. Así lo dio a conocer el Movilh, en el marco del cuarto aniversario de la entrada en vigencia de la ley.
En el marco del cuarto aniversario de la entrada en vigencia de la Ley de Matrimonio Igualitario, el Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh) reportó hoy que un total de 9.092 parejas del mismo sexo han contraído matrimonio en Chile, mientras que 930 personas han sido inscritas legalmente como hijas de dos padres o de dos madres.
El dirigente del Movilh, Rolando Jiménez, calificó a las cifras como “una muestra concreta de cómo la igualdad legal no solo reconoce vínculos afectivos, sino que también protege realidades familiares que históricamente estuvieron invisibilizadas o desprotegidas, en especial al considerar que “el impacto del matrimonio igualitario va mucho más allá de las parejas e involucra a sus hijos”.
Tras obtener las cifras del Registro Civil, el organismo precisó que desde la entrada en vigencia de la ley, el 10 de marzo del 2022 y el 27 de febrero del 2026, del total de parejas que contrajeron el matrimonio, 5.100 fueron entre mujeres (56%) y 3.992 entre hombres (44%).
Al respecto, la vocera del Movilh, Javiera Zúñiga, subrayó “que la mayor proporción de matrimonios entre mujeres confirma una tendencia ya observada en otros países, donde las parejas lésbicas acceden de forma más temprana y masiva a este derecho”.
En cuanto a la estabilidad de los vínculos, el Movillh indicó que 162 matrimonios terminaron en divorcio o nulidad, lo que equivale al 1,78% del total. De estas, 103 separaciones correspondieron a parejas de mujeres (1,1%) y 59 a parejas de hombres (0,6%). “Los niveles de disolución son bajos lo que demuestra que la orientación sexual no define la solidez de una relación”, apuntó Jiménez
Respecto de la filiación, el Movilh detalló que, del total de personas reconocidas legalmente por familias homoparentales, 799 fueron inscritas como hijas de dos madres (86%) y 131 como hijas de dos padres (14%). Desde el Movilh recalcaron que estos datos “evidencian la importancia del matrimonio igualitario para garantizar derechos básicos a niños, niñas y adolescentes, como la seguridad jurídica, la herencia y la protección social”.
Finalmente, el Jiménez recordó que desde la entrada en vigencia del Acuerdo de Unión Civil, el 22 de octubre de 2015, y hasta el 27 de febrero de 2026, un total de 15.710 parejas contrajeron dicho vínculo. De ellas, el 5,2% (824) lo disolvió para casarse y el 23,7% (3.727) lo anuló por otros motivos.
“Estos datos confirman que, en términos generales, el matrimonio igualitario no reemplazó al AUC, pero sí se consolidó como una opción relevante para muchas parejas que buscaban igualdad legal”, finalizó el Movilh.
El 7 de diciembre del 2021 el Congreso Nacional aprobó la ley de matrimonio igualitario, el 9 de diciembre del mismo año fue promulgada y un día más tarde fue publicada en el Diario Oficial, mientras que el 10 de marzo del 2022 entró en vigencia.
El matrimonio igualitario fue aprobado en Chile luego de que en 2016 el Estado de Chile y el Movilh firmaran un Acuerdo de Solución Amistosa (ASA) ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, (CIDH) donde nuestro país se comprometió a crear, tramitar y aprobar la norma.
Presidente del PC señala la necesidad de construir unidad en la oposición
El presidente del Partido Comunista, Lautaro Carmona, advirtió sobre los riesgos que corre el progresismo si no logra construir unidad, luego la asunción del Presidente José Antonio Kast y la llegada de la derecha a la conducción de las mesas legislativas del Congreso.
El timonel reparó en el bajo nivel de intercambios dado entre los partidos de la actual oposición desde la derrota de segunda vuelta. A su vez, manifestó que los votos no obtenidos para favorecer a su sector en la mesa de la Cámara y del Senado, al menos, sí estaban hasta en diciembre en la caso de la primera:
“Ahora, vienen las comisiones de trabajo y la correlación está muy reñida”, acotó: Si no sumamos, se van a dar espacios para que sigan conquistando una gobernanza sin ninguna limitación”.
Sin embargo, una mirada distinta compartió respecto al panorama en materia de justicia, luego que el gobierno anunciara la posibilidad de otorgar indultos a condenados por violaciones a los derechos humanos.
Indicó que se ha observado un rechazo transversal en las bancadas parlamentarias de su sector. Al tiempo, recordó que la derecha manejó deponer el recurso del ejecutivo durante el gobierno de Boric quien indultó a varios presos de la revuelta de 2019:
“Están estudiando indultar a los criminales de lesa humanidad”, sumó el dirigente, a propósito del proyecto de conmutación de penas que favorece directamente a los violadores de derechos humanos de Punta Peuco.
“Es un retroceso no solo social, es elegir la barbarie por sobre la civilización”, ponderó Carmona. “No es una causa que se pueda interpretar o atenuar”.
En otra arista, se refirió a las recientes medidas anunciadas por el Presidente Kast que contemplan la intervención de la frontera en materia de seguridad, el desacople de la permisología, el plan de reconstrucción y la disminución de los impuestos a las grandes empresas.
“Me preocupa una evidente sobredimensión de lo que es el papel el sector privado”, indicó, apuntando al retiro de derechos sociales y el anuncio de reducir la gratuidad:
Por otra parte, se refirió al equilibrio medio ambiental, que puede verse perjudicado con los anuncios del ministro Poduje, quien enfrenta en un cierto antagonismo a la reconstrucción con la vida natural.
Así también, criticó las ventajas que plantea el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, de incluir en el proyecto de reconstrucción la eliminación del IVA a la vivienda, lo cual “tiene dos caras”, indicó:
“Ojalá eso sea beneficio a quienes esperan acceder y no en beneficio del empresario para que venda luego el patrimonio”, comentó.
Por otra parte puntualizó que el Partido Comunista “tiene un planteo que hacer” en el espacio de construcción de unidad respecto a derechos sociales y en “función de los intereses de sectores importantes del pueblo de Chile”.
“y si creyéramos que hace falta indicarlo al gobierno, no tendríamos por qué no usar el recursos de hacérselos saber de forma directa”, explicó Lautaro Carmona en el caso de tener que entablar diálogo con el ejecutivo para los temas que aquejan a la población.
Diputado Cuello acusa que plan de Kast “pasa gato por liebre” con rebaja de impuestos y cambios a la gratuidad
El diputado Luis Cuello (PC) criticó el plan de “Reconstrucción Nacional” anunciado por el Gobierno de José Antonio Kast, señalando que la iniciativa mezcla medidas para enfrentar la emergencia provocada por los incendios con rebajas tributarias y cambios en políticas sociales que, a su juicio, no guardan relación con la reconstrucción.
El parlamentario advirtió que el proyecto incorpora medidas que favorecen a grandes empresas y restringen beneficios sociales, lo que —según indicó— genera preocupación respecto del verdadero alcance del plan presentado por el Ejecutivo.
Al respecto, el parlamentario señaló: “El Gobierno quiere pasar gato por liebre presentando una ley que usa a las víctimas de los incendios para beneficiar a los más ricos, para bajarle los impuestos a las empresas de donde provienen sus ministros.
También restringe y limita la gratuidad universitaria y con eso perjudica a las familias que se están poniendo de pie y que han entregado una educación a sus hijos. Vamos a defender en el Parlamento políticas para las zonas afectadas por los incendios, pero sin perjudicar a los estudiantes como tampoco aquello que han ganado con años de lucha”.
Dormir también es seguridad laboral
Dr. Francisco Javier Caballero Ortega, miembro de la Sociedad Chilena de Medicina del Trabajo (SOCHMET)
Dormir bien no es solo una necesidad biológica, también es un determinante de seguridad, productividad y salud pública. En el mundo del trabajo, donde la fatiga suele normalizarse como parte del esfuerzo, la ciencia del sueño está empezando a demostrar que ese enfoque tiene costos humanos y económicos significativos.
Hoy incluso la tecnología está ampliando lo que sabemos. Modelos de inteligencia artificial como SleepFM, capaces de integrar actividad cerebral, ritmo cardíaco, respiración y movimientos oculares, han mostrado una notable capacidad predictiva sobre riesgos de salud. Sin embargo, es importante ser prudentes: no se trata de herramientas diagnósticas, sino de modelos de riesgo que aún requieren validaciones prospectivas antes de incorporarse a la práctica clínica. Aun así, el mensaje es claro: el sueño contiene información valiosa sobre la salud futura.
En Chile esta discusión es particularmente relevante. El acceso a estudios de sueño como la polisomnografía sigue siendo limitado fuera del sistema privado, lo que reduce la posibilidad de diagnóstico precoz de trastornos frecuentes como la apnea del sueño.
Además, la investigación actual ha identificado alteraciones del sueño como señales tempranas de enfermedades neurodegenerativas. Cambios en el sueño no REM (fase profunda del sueño reparador) o el trastorno de conducta del sueño REM (cuando la persona “actúa” sus sueños por pérdida de la parálisis muscular normal) pueden preceder en años a patologías como el Parkinson. Esto abre una pregunta incómoda pero necesaria: ¿deberíamos evaluar periódicamente el sueño en trabajadores sometidos a alta carga cognitiva, como médicos, controladores aéreos o operadores de procesos industriales?
El problema no es menor. Cerca del 50% de los chilenos duerme menos de siete horas, y estudios nacionales sugieren que uno de cada cuatro accidentes de trayecto se relaciona con problemas de sueño. En transporte, la Asociación Chilena de Seguridad ha señalado que la fatiga está presente en hasta el 80% de los accidentes, mientras que investigaciones en faenas mineras chilenas atribuyen alrededor del 4,5% de los accidentes fatales a somnolencia o fatiga.
A pesar de estas cifras, Chile carece de un marco regulatorio transversal que aborde la fatiga como riesgo laboral, a diferencia de lo que ocurre en aviación o en varios países OCDE.
Parte de la solución pasa por rediseñar la organización del trabajo. La evidencia cronobiológica indica que los turnos deberían rotar en sentido horario —mañana, tarde, noche— para reducir la disrupción circadiana. También sabemos que el ejercicio regular mejora la calidad del sueño, aumentando el sueño profundo y reduciendo la latencia para dormir. Las pausas activas, por tanto, no son solo bienestar corporativo: son intervenciones preventivas con impacto en seguridad.
En una fuerza laboral donde la diabetes supera el 12% y la hipertensión el 25%, evaluar el sueño debería ser parte habitual de la salud ocupacional. Eso sí, con límites éticos claros: la información debe protegerse estrictamente bajo las normas de privacidad para evitar cualquier forma de discriminación laboral.
No obstante, quizá el cambio más importante es cultural. Decirle a un trabajador que “duerma más” mientras se mantienen jornadas extensas, turnos mal diseñados o trayectos interminables es simplemente insuficiente.
Las organizaciones deben avanzar hacia sistemas de gestión del riesgo por fatiga, incorporar instrumentos de evaluación del sueño en exámenes preventivos y considerar la calidad del descanso como un indicador de salud laboral, al mismo nivel que la accidentabilidad o el ausentismo. Descansar no es una concesión individual ni un lujo biológico, es literalmente, una condición de seguridad.



