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Cerimedo, bots y astroturfing: académico explica sobre el uso de herramientas digitales en la nueva era de la desinformación

Por Carolina Millalen

La amenaza que representan nuevas formas de hacer propaganda en el debate público es un tema que hoy se investiga en torno al caso de Fernando Cerimedo, el asesor del Presidente Milei, director de la agencia de publicidad y marketing político Numen y que hoy se encuentra en prisión en Bolivia, mientras se investiga -entre otras causas- su rol como articulador de una red transnacional de desinformación.

Los tiempos cambian y si bien décadas atrás la manipulación mediática se concebía como una aguja hipodérmica que “inyectaba” mensajes en la mente de las personas, hoy día este tipo de control se ejerce principalmente en las redes sociales con el fin de amplificar o polarizar opiniones, manipular tendencias, ocultar identidades y por supuesto, desinformar.

Una de las herramientas digitales que se han mal utilizado en este marco de manipulación son los bots, explica Sebastián Berríos, académico de la Escuela de Ingeniería Informática de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso: “Un bot es un programa informático que  está diseñado para ejecutar tareas de manera automática”.

“Hoy en día en las redes sociales un bot puede publicar mensajes, compartir contenidos, seguir cuentas o reaccionar automáticamente a información que uno les puede entregar. El problema se produce cuando se utiliza para hacerse pasar por una persona real y amplifican artificialmente una opinión”, plantea:

Si bien este asesor de Milei y de otras figuras de la ultraderecha en Latinoamérica ha sido imputado por intento de femicidio y enriquecimiento ilícito, también la Fiscalía chilena abrió una investigación por posibles delitos informáticos e intervención en procesos electorales, luego de descubrirse una granja de bots aledaña a su agencia instalada en Bolivia y por existir nexos con destacados aportantes en la campaña del Rechazo de 2022.

El académico explica lo que es este tipo de comunidad artificial y cómo opera: Es “una infraestructura la cual administra gran cantidad de cuentas automatizadas o parcialmente automatizadas que pueden ser servidores, computadores, teléfonos móviles y que obviamente en conjunto tratan de simular una actividad de muchas personas diferentes con la finalidad de generar una influencia en las personas”.

A su vez, señala cómo es posible descubrir la real infraestructura tras este modus operandi de amplificar tendencias. “Desde una publicación es difícil identificar con certeza a la persona responsable”. “Lo que sí podemos hacer es hablar con la empresa que tiene la red social y poder obtener la información técnica del comportamiento: horario, frecuencia y ahí empezar a poder de alguna manera a detectar los registros internos de esta plataforma”:

Otro escenario de desinformación y manipulación lo aportan los llamados trolls. Sin embargo, entre aquel y un bot hay claras diferencias, advierte Berríos, aunque su uso combinado puede exponenciar el control de opiniones y tendencias:

“Para resumir, el troll intenta provocar, el bot automatiza y cuando ambos se combinan aumenta considerablemente su capacidad de influir en las personas”, acota el académico.

De esa manera, el uso de estas herramientas y oportunidades que ofrecen las nuevas tecnologías de la informática es lo que se ha denominado como astroturfing, estrategia que “simula un movimiento ciudadano espontáneo cuando técnicamente, en realidad, ha sido organizado, financiado y quizás está coordinado por personas, empresas, grupos de interés o por campañas políticas”, detalla.

Más allá de la IA

“Hoy en día hay muchas herramientas tecnológicas que están apoyando estas tendencias”, añade respecto a los avances de la IA que terminan proporcionando mayor sofisticación a estas estrategias: “Pero también tenemos que utilizar la IA para de alguna manera detectar qué casos están ocurriendo. Con la IA podemos utilizar modelos de aprendizaje automático, análisis de redes para identificar comunidades artificiales, campañas coordinadas y anomalías que son difíciles de descubrir manualmente”.

“Nuestro deber como personas o como ciudadanos es que debemos medir la veracidad de la información no por la cantidad de veces que aparece publicada sino que tenemos que revisar fuentes oficiales”, reflexiona el académico. “No podemos quedarnos con lo que dicen las redes sociales. Insisto: las redes sociales son manipuladas a través de estas técnicas, hay gente mal intencionada y al mismo tiempo tenemos la IA que está generado este tipo de información en que las personas caen”.

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