Frente al creciente uso de dispositivos digitales, especialistas destacan el valor de las experiencias culturales para potenciar el pensamiento simbólico, la concentración y la capacidad de imaginar.
Cada vez es más común ver a niños que pasan horas frente a pantallas consumiendo videos breves o siguiendo las últimas tendencias en redes sociales. Sin embargo, mientras este tipo de contenidos gana espacio en la vida cotidiana, especialistas advierten que la creatividad, la imaginación y la capacidad de mantener la atención requieren experiencias muy distintas para desarrollarse.
La tecnología ha transformado la forma en que niños y niñas aprenden, se entretienen y se relacionan con el mundo. No obstante, la académica y educadora de párvulos de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), Ximena Espinosa, explica que el principal desafío no está en la tecnología en sí, sino en las experiencias que puede llegar a reemplazar cuando su uso no es acompañado por adultos.
“El uso excesivo de pantallas y contenidos de consumo rápido afecta especialmente la atención, la imaginación y la tolerancia a la frustración. No se trata de demonizar la tecnología, sino de entender que un uso no mediado puede desplazar experiencias que son insustituibles para el desarrollo temprano”, señala.
Plataformas como YouTube Shorts, Reels o TikTok están diseñadas para captar la atención mediante estímulos constantes y cambios permanentes. Esa dinámica, explica la especialista, puede dificultar que niños y niñas disfruten actividades que requieren más tiempo, concentración y un proceso creativo sostenido.
El arte como gimnasio para el cerebro
Frente a este escenario, las experiencias artísticas y culturales adquieren un valor que va mucho más allá del entretenimiento. Dibujar, asistir a una obra de teatro, escuchar un concierto, participar en un taller o inventar historias con juguetes permite desarrollar habilidades cognitivas y emocionales difíciles de reemplazar por el consumo pasivo de contenidos digitales.
“Cuando un niño dibuja, inventa una historia con sus juguetes o interpreta lo que ve en una obra, está ejercitando funciones cognitivas superiores: planificación, autorregulación, pensamiento simbólico y flexibilidad mental. Además, estas experiencias suelen ocurrir en tiempos más extendidos y sin la gratificación inmediata que ofrecen las pantallas, lo que ayuda a entrenar justamente la capacidad de sostener la atención y de tolerar procesos más largos, como crear algo desde cero”, explica Espinosa.
La especialista agrega que el Día del Niño también puede convertirse en una oportunidad para privilegiar este tipo de experiencias compartidas en familia, optando por panoramas como obras de teatro, conciertos, talleres de pintura o cuentacuentos.
Una invitación a imaginar
Para la académica, recuperar espacios donde niños y niñas puedan crear, jugar e imaginar resulta cada vez más relevante en una época marcada por la inmediatez. “Hoy la cultura y el arte no son un complemento educativo, sino una necesidad para el desarrollo infantil. La creatividad se construye con la práctica, y necesita espacios donde los niños puedan imaginar, crear y descubrir el mundo por sí mismos”, afirma.
Con ese propósito, el Teatro del Centro de Extensión Cultural UCSC presentará durante agosto y septiembre la obra “La Cenicienta” adaptación de la Compañía Teatro El Rostro que invita a niñas, niños y sus familias a reencontrarse con un clásico lleno de fantasía, humor e imaginación.
Las funciones se realizarán los sábados 8, 22 y 29 de agosto, y 5, 12 y 26 de septiembre, a las 16:00 horas, en el Teatro del Centro de Extensión Cultural UCSC. Las entradas se encuentran disponibles en el sitio web de cultura.ucsc.cl.




