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El 97% de las familias cree que la educación sexual ayuda a prevenir la violencia

Aunque existe un amplio respaldo a la educación sexual como herramienta para prevenir la violencia, llevarla a la práctica sigue siendo un desafío para las comunidades educativas. Así lo revela un diagnóstico del Instituto de Estudios Avanzados en Educación (IE) de la Universidad de Chile, junto a Fundación Chile Necesita ESI, que identificó brechas en la formación de docentes y equipos escolares, la coordinación con las familias y la implementación sistemática de medidas preventivas.

El estudio, realizado en cinco comunidades educativas de la Región Metropolitana, encontró que el 97% de las 230 personas que respondieron el cuestionario a familias está de acuerdo o muy de acuerdo con que la educación sexual integral (ESI) puede contribuir a prevenir la violencia sexual contra niños, niñas y adolescentes. Además, más del 97% manifestó un alto nivel de acuerdo con abordar contenidos como el consentimiento, el respeto de los límites personales, la prevención de la violencia sexual y el autocuidado en entornos digitales.

“La violencia sexual contra niños, niñas y adolescentes no puede abordarse únicamente cuando el daño ya ocurrió. La prevención requiere que las comunidades educativas cuenten con herramientas para hablar de consentimiento, límites, autocuidado y relaciones respetuosas antes de que aparezcan situaciones de violencia”, explica Anita Tobar, doctora en Psicología, investigadora del IE de la Universidad de Chile y líder del proyecto.

Sin embargo, el respaldo no siempre va acompañado de conocimientos y herramientas para abordar estas materias. Mientras que el 98,3% de las personas encuestadas había escuchado hablar de educación sexual, solo el 61,3% señaló saber qué significa específicamente la educación sexual integral, un enfoque que considera no solo aspectos biológicos, sino también dimensiones emocionales, relacionales y del desarrollo.

Una de las principales alertas del diagnóstico aparece en la respuesta de los establecimientos frente a situaciones de violencia sexual. Las entrevistas realizadas a integrantes de las comunidades educativas muestran que las acciones suelen concentrarse en protocolos, denuncias y derivaciones una vez que los hechos han ocurrido, mientras que la prevención tiene una presencia menos sistemática.

“Bueno, aquí, como dije, no se aborda la educación sexual. Por lo tanto, no es algo que se prevenga (la violencia sexual) ni que se hable desde antes; cuando ya pasa un caso, se actúa. Así funciona acá: si pasa un caso, se actúa”, relató una de las personas entrevistadas.

Los resultados evidencian una brecha entre el reconocimiento de la importancia de la educación sexual integral y las condiciones necesarias para implementarla. “Familias y equipos educativos reconocen ampliamente su importancia, pero todavía faltan formación, herramientas y estructuras institucionales que permitan hacer prevención de manera sistemática”, advierte Tobar. La investigadora subraya que el desafío es que esta tarea no dependa únicamente de personas comprometidas, sino que pueda ser asumida y sostenida por toda la comunidad educativa.

El informe también advierte que, en numerosos casos, la educación sexual integral depende de la iniciativa de docentes o grupos comprometidos, en lugar de formar parte de una estrategia institucional permanente. A esto se suma la falta de preparación profesional: la mayoría de las personas entrevistadas consideró insuficiente o inexistente la formación que recibió en estas materias.

“Como docente, cuando yo estudié, era cero (la formación)”, señaló una de las personas participantes.

Familias quieren que la escuela y el hogar compartan la responsabilidad

El diagnóstico muestra que las familias no consideran que la educación sexual sea una responsabilidad exclusiva del hogar o de la escuela. El 94,3% de las personas encuestadas manifestó un alto nivel de acuerdo con que se aborde en la familia y el 90,9% respaldó que también se trabaje en los establecimientos. Además, el 86,1% estuvo de acuerdo con que todos los temas relacionados con la sexualidad se aborden en ambos espacios.

Los resultados también cuestionan la idea de que las familias se oponen mayoritariamente a la educación sexual integral. “En nuestro diagnóstico encontramos un respaldo muy amplio a que la ESI se trabaje tanto en la escuela como en el hogar y a que incluya contenidos de prevención, consentimiento y respeto de límites”, señala Tobar. A su juicio, más que asumir una oposición generalizada, es necesario escuchar las dudas de las comunidades y reconocer los apoyos que requieren para participar de estos procesos.

Pese a esta disposición, las escuelas todavía tienen un papel limitado como fuente de orientación. Solo el 7,4% de las personas encuestadas mencionó al establecimiento educacional como fuente de información sobre sexualidad, frente al 50% que recurre a Internet y el 43% que consulta a profesionales de la salud.

También existen dificultades para abordar estas conversaciones en el hogar. Aunque el 70,4% de las personas encuestadas afirmó haber conversado alguna vez sobre violencia sexual con el niño, niña o adolescente a su cargo, el 60% se siente altamente capacitado para hablar específicamente de este tema. En contraste, el 69,6% declara sentirse preparado para conversar sobre sexualidad en general.

A ello se suma que el 53,9% indicó no haber participado previamente en actividades de formación sobre educación sexual o prevención de la violencia sexual.

El diagnóstico forma parte del proyecto Formación de líderes educativos para la prevención de violencia sexual en establecimientos educacionales de la Región Metropolitana, financiado por el Fondo Valentín Letelier entregado por la Vicerrectoría de Extensión y Comunicaciones de la Universidad de Chile.

Para Tobar, avanzar en prevención requiere pasar de las iniciativas individuales a estrategias institucionales sostenidas, con formación teórica y práctica para los equipos educativos, herramientas para trabajar con las familias y acciones que permitan abordar el consentimiento, los límites personales, el autocuidado y las relaciones respetuosas antes de que ocurran situaciones de violencia.

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