La cuchufleta del ministro Rau: 40 horas en juego

Por Eric Campos Bonta, secretario general de la CUT

Estamos ante una jugada política que raya en la deslealtad con el mundo del trabajo. El ministro del Trabajo, Tomás Rau, ha decidido utilizar una estrategia comunicacional de baja altura para intentar desmantelar, por la puerta trasera, el espíritu de la Ley de 40 horas que tanto nos costó conquistar. Bajo el nombre de un supuesto “Estatuto Laboral para el Turismo”, el Gobierno pretende introducir un caballo de Troya que no solo afecta a un sector, sino que busca reescribir las reglas de la jornada laboral para todos los trabajadores y trabajadoras de Chile.

La “cuchufleta” es evidente y peligrosa. Mientras nos hablan de modelos OCDE, lo que realmente están haciendo es una maniobra administrativa para saltarse el espíritu original de la ley, aprobada democráticamente en 2023. El proyecto propone pasar de nuestro actual ciclo de cálculo de cuatro semanas —que ya permitía una adaptabilidad razonable— a un sistema de 16 semanas como regla general, y de 52 semanas para el sector turismo.

¿Qué significa esto en la práctica? Significa que el empleador tendrá la facultad de organizar jornadas de hasta 52 horas semanales, bajo la promesa de que “se compensarán” en el futuro. Es decir, el ministro Rau pretende que el trabajador sea un “banco de horas” a disposición de la empresa.

Aquí es donde debemos ser tajantes: cuando el Gobierno plantea estos ciclos largos, están cometiendo un error conceptual profundo. Están tratando el tiempo de trabajo del ser humano como si fuera una variable de producción de una máquina o una IA. Una IA no se cansa, no tiene vida familiar, no siente el desgaste de la fatiga crónica y no necesita estabilidad emocional para enfrentar el día a día. Pero un trabajador sí.

El cansancio no se promedia en una planilla de Excel. El impacto de trabajar 52 horas semanales no se borra mágicamente porque tres meses después la empresa decida que tenemos menos carga laboral. La vida familiar, el tiempo para los  cuidados, el descanso reparador y la salud mental no son activos que se puedan guardar en una bodega para usar cuando a la demanda del mercado le convenga.

Esta propuesta no es “flexibilidad”; es precariedad encubierta. Es la institucionalización del agotamiento. Como representantes de los trabajadores, nos preguntamos: ¿A quién beneficia realmente este modelo? Porque si la excusa es la “reactivación”, la respuesta parece ser otra: evitar el pago de horas extraordinarias para favorecer al gran capital, promoviendo de paso un sistema donde la estabilidad desaparece y el segundo empleo se vuelve una necesidad ante la inestabilidad de los ingresos.

Desde la CUT no aceptaremos que, mediante informes técnicos y supuestos estatutos especiales, nos arrebaten el tiempo de vida que tanto nos costó conquistar. Las 40 horas se defienden, porque la dignidad de nuestras familias y nuestra salud no están sujetas a los promedios de ningún ministro. El trabajo  debe estar al servicio de la vida, y no nuestra vida al servicio del capricho de la demanda de turno.

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