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Se decide el futuro de Chile

(Por Marcelo Caruso Azcárate. Analista y académico colombiano). Chile fue el primer país de América Latina donde se instaló -con un golpe de Estado- el neoliberalismo. Recibió las cuotas más altas de inversión extranjera y logró, por cierto tiempo, construir una burbuja de un crecimiento económico que se sostuvo con la privatización de los bienes públicos, la apropiación de los bienes comunes (agua, aire, suelo) y acabando con su industria nacional. Se convirtió en un paraíso para las multinacionales y el capital financiero. Era el modelo de mostrar sobre los milagros que generaba el libre comercio y la eliminación de las funciones del Estado en la garantía de derechos y control del mercado. Estudiar una carrera universitaria se convirtió en un gran privilegio o en un endeudamiento por vida de quien lograba el crédito. En tanto se mercantilizaron todos los derechos económicos, sociales y culturales, inclusive los de los pueblos indígenas, el endeudamiento masivo en una economía que había llegado a su tope se convirtió en su mayor debilidad social y política.

Eso puede explicar el estallido social comenzado en octubre de 2019, que llevó a que el gobierno cediera a la exigencia de una nueva Constitución. Lo hizo por medio de una negociación cerrada que limitó los alcances del proceso constituyente y le dio plazos al sistema para recomponerse de los golpes recibidos. Reacomodo que comenzó a expresarse en las elecciones presidenciales con un candidato tan fascista como Pinochet que logró muy alta votación y se basó en una agresiva y monopólica campaña publicitaria por los distintos medios y canales de comunicación; todos en manos de las élites dominantes.

Considerando que en esta campaña del Plebiscito no existe financiación estatal ni límites en la inversión y que el gobierno no puede expresar sus opiniones, les ha sido fácil a los defensores del pasado reavivar el trabajo ideológico logrado por 18 años de dictadura y 20 años de gobiernos de centro y derecha, que no tocaron las líneas rojas impuestas por el modelo neoliberal en su Constitución vigente. Así, revivieron los miedos en de las personas mayores que sufrieron el autoritarismo, a quienes la realidad se les ha vuelto ajena, con altos niveles de individualismo, desprecio de los pueblos indígenas a los que no aceptan como naciones, y muy baja solidaridad con las familias más vulnerables y excluidas. Un éxito ideológico del neoliberalismo que recibe el rechazo masivo de las nuevas generaciones.

Esto también puede explicar por qué el Apruebo del documento elaborado por la Convención Constitucional, inició su campaña con porcentajes inferiores a los que marcaron el triunfo de Boric. Situación que llevó a las fuerzas progresistas y de izquierda a volcarse a los barrios para explicar los contenidos del documento, confrontando la campaña del Rechazo. Hoy las encuestas dan un resultado ajustado favorable al Apruebo, con buena posibilidad que se aumenten esas diferencias con el voto de un 20% de la población que aún no decide o hace pública su decisión, y que muy posiblemente sean esos jóvenes que no votaron por Boric en primera vuelta, pero sí en la segunda.

La primera lección que deja esta cerrada disputa entre el pasado y el futuro tiene como enseñanza el que, si tomas las decisiones cuando tienes las fuerzas sociales a tu lado, amanece más temprano. Y se agrega la experiencia del doble juego de los aliados de centro y derecha, que se unieron a Boric al verlo ganador en segunda y hoy se dividen frente a la decisión a tomar. Mientras la expresidenta Bachelet se suma claramente al Apruebo, la mayoría de la Democracia Cristiana se opone y socialistas como el expresidente Lagos llevan semanas diciendo que no rechazan, pero tampoco aprueban. Un triunfo del Apruebo permitirá que Chile se sume con todas las fuerzas de su pueblo a una integración latinoamericana más centrada en la paz, en la protección de la naturaleza, en una Banca Latinoamericana de Fomento y con estrategias alternativas al fracasado enfoque de la guerra contra las drogas.

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