Entrevista| Influencer Ivannia Pacha: “Si la izquierda pudiera conectar más con la risa o la gente nos iría mejor”.

Ivannia Pacha López, es muchas cosas a la vez, una mujer de izquierda, activista medioambiental, animalista, vegana, y trabajadora del arte, la cultura y el desarrollo social. Pero su faceta más conocida es la de creadora de contenido para redes sociales, o como lo denomina la sociedad actualmente (cuando estos creadores tienen éxito) influencer. 

Su perfil principal @pachakutyk tiene más de 90 mil seguidores en instagram y tiene dos perfiles más @latinayvegana y @anticonquistarte ligado al activismo vegano y a la divulgación de contenido cultural y artístico. 

En esta entrevista conversamos sobre la “batalla en redes sociales y el mundo digital” que a juicio de muchos la izquierda viene perdiendo hace años y las estrategias que deberían aplicarse para remontar esta batalla, también de las causas que abriga su corazón y de su sueños.

¿Qué te llevó a abrir tu perfil al público y qué temas quisiste abordar desde el principio?

R: “La verdad es que llevo haciendo contenido político desde hace muy poco tiempo.Fue para la campaña pasada de Jeannette Jara, que me di cuenta de que la opinión política popular se estaba disputando en redes sociales y que, ante todo esto, no nos podíamos quedar atrás. O sea, empecé a hacer contenido duramente político porque urge hacerlo, además, en estos tiempos donde empieza a haber una escalada de fascismo y va ganando terreno en la globalización y en Internet.

Antes de eso, mi red social sí tenía un público masivo, pero estaba orientada al medioambientalismo. Yo, entre ser vegana y dedicarme al voluntariado de rescate animal, que era lo que principalmente subía como contenido en mi perfil, obviamente ambas cosas son parte de hacer activismo medioambiental. Entonces, ese era mi principal movimiento en redes sociales, por decirlo así.

Aparte de eso, igual voy jugando un poco con la imagen que tengo, que es hegemónica para el público y atrayente para los hombres. Entonces, ahí voy jugando con ambas cosas para atraer público del consumo de Instagram y, a la vez, ir metiendo información entre medio de eso. No tenía TikTok, recién lo estoy aprendiendo a usar ahora, al igual que Facebook, porque siempre Instagram fue mi principal red social para divulgar y compartir contenido”.

¿Por qué crees que a la izquierda le ha costado más que a otros sectores dominar el lenguaje y los formatos de las redes? ¿Es un problema de recursos, de cultura política o de mensaje?

R: “Yo siempre he pensado lo mismo: lo mejor que tiene la derecha es la capacidad de hacer marketing y publicidad. En eso son incomparables.

Solamente hay que mirar o retroceder en el tiempo para ver que, por ejemplo, la plataforma TikTok salió de China. ¿Cómo fuimos a soltar una plataforma que en algún momento se proyectaba que iba a ser masiva, que iba a estar en el consumo diario de la gente?

Y claro, mirándolo desde el punto de vista de que la derecha siempre va a tener el capital y la riqueza para poder invertir, inteligentemente ellos pudieron apoderarse de Meta, que es quien tiene Facebook, Instagram y WhatsApp, y, por otro lado, pudieron adquirir TikTok, que son todas las fuentes de información que tiene la gente hoy. De eso se va alimentando la gente.

Y con esto ellos son capaces de inflar publicaciones, por decirlo así, y hacerlas subir a los niveles que ellos quieran, porque tienen el control de esto. También pudieron leer la famosa palabra o el famoso sujeto llamado influencer.

Entonces, bien es sabido que incluso a esta gente se le paga alrededor del mundo para que haga contenido y el resto de los seres humanos normales pueda asumir que la verdad es lo que ellos están diciendo”.

¿Qué tendría que cambiar la izquierda para disputar de verdad la conversación digital? ¿Hay que aprender del humor, de lo cotidiano y de la cercanía,  de las formas de la derecha, o ninguna de las anteriores?

R:  “Lamentablemente, la izquierda cae mucho en el intelectualismo odioso, en el «zurdómetro», en quién es más zurdo y estas cosas.

Sobre todo, el intelectualismo aleja a la gente de la izquierda: a la gente normal, a la gente de lo cotidiano, del diario vivir, incluso al obrero o al trabajador, cuya vida es más simple, un poco más básica, porque necesita suplir sus necesidades básicas y para eso está trabajando todos los días con mucho esfuerzo.

No le alcanza para estar leyendo el libro acerca del «Manifiesto Comunista» o de filosofía. Entonces, el contenido propagandístico de izquierda muchas veces es muy intelectual y no logra conectar con la gente en la normalidad. 

Si pudiésemos tener estrategias que permitieran llegar a la población en general, que fueran más orientadas a la risa, a lo que la gente conecta en estos momentos, obviamente tendríamos muchos mejores resultados. Pero es mal visto. O sea, mi perfil actualmente es criticado por tener un contenido que muchas veces es catalogado como «sensual o erótico», y es mi manera de haber logrado conectar estratégicamente con mucha gente”. 

Ser influencer y ser militante a la vez tiene tensiones: algoritmo, marcas, audiencia y coherencia política. ¿Dónde pones los límites?

R: “Ser influencer y ser militante… La verdad es que yo nunca he militado en un partido político, jamás.

Jamás me vas a ver en una reunión de un partido, ahí en primera línea, en primera fila o nada, porque yo creo en el activismo, no creo en el reformismo. No creo que las bases estén en juntarse con gente y resolver el mundo hablando, en lo personal, sino que creo en hacer tejido social y comunitario desde la calle, desde donde vive la gente, en lo cotidiano y en lo real.

Tampoco jamás he trabajado con marcas, porque hay un freno muy grande: mi perfil no encaja en lo que piden: Primero, mi contenido de izquierda obviamente aleja a las marcas, que no van a querer trabajar con una persona con el compromiso político que tengo yo. Lo segundo es que, siendo vegana, es muy difícil adaptarse a los requerimientos, porque la mayoría del mundo no está hecho para veganos.

Así que primero me debo a la causa del veganismo, después a la izquierda y después a todo lo demás. Y, como no alcanza para todo lo demás, me quedo con los dos primeros”.

¿Qué tipo de ataques has recibido por ser mujer, de izquierda, vegana o por tu forma de hablar? ¿Hubo un episodio que te marcó especialmente?

R: “Digitales todos, desde insultos semanales, que me van a desaparecer en bolsa, que me van a descuartizar, colgar, que me van a matar. Me han mandado fotos de seres queridos, incluso de otras ciudades. Gente que sabe mi dirección, gente que me ha pillado en la calle y eso es parte de ser más expuesta, me he encontrado con gente en la calle, pero nunca me han hecho nada gracias a dios. 

La gente que se burla por ser vegana existe incluso hasta se lo tengo que aceptar a mis seres queridos, hay mucha gente que dice nos vamos a comer una vaca o que rico un asado y eso no me molesta para nada. Yo entiendo que es un cambio generacional o de paradigma que va a costar muchos años.

Para responder cómo lidiar con la situación o qué estrategia usar cuando ya no he podido más, la verdad es que hay que ser resiliente para estar en Internet. Hay que ponerle el pecho a las balas, porque uno nunca va a poder agradarle a todos en las redes sociales. Eso hay que tenerlo claro.

Existen las cuentas trolls. Existe la gente que está dedicada a que, si tú dices blanco, te van a decir negro, y si tú dices negro, te van a decir blanco. Es muy fácil estar detrás de una pantalla. Estás a segundos de escribirle con odio a alguien o de tirar odio. Hay gente que jamás te va a decir algo en la calle, pero por Internet, claro, siente esa libertad de poder hacer lo que quiera con los demás.

De verdad, hay que tener mucha tolerancia a la frustración, porque siempre va a haber gente a la que no le va a agradar lo que tú haces. Tienes que ser fuerte, de verdad, con mucha resiliencia.

El único momento en que me vi sobrepasada fue un 14 de diciembre, cuando ganó José Antonio Kast, porque yo sabía que la gente iba a estar celebrando. Había gente que me decía: «Te voy a ir a insultar, te voy a sacar la mierda, te voy a sacar la cresta, te voy a ir a matar si gana Kast. Cuando gane Kast, vamos a poder hacer lo que queramos».

Entonces, por miedo, porque había gente que sabía dónde vivía y que conocía los nombres de mis seres queridos —yo tengo bien oculta a mi gente más personal—, decidí cerrar mis redes por todo el verano. Creo que volví los primeros días de marzo”.

¿Qué te llevó a ser vegana?

R: “La verdad es que esto viene desde casi toda mi vida, porque yo, desde que tengo uso de razón, desde que era muy niña, no sé, desde los cuatro o cinco años, cuando uno empieza a tener noción de las cosas, me crié en un ambiente de agricultura, ganadería y agronomía. En el campo, con muchos animales alrededor, siempre tuve una cercanía con ellos.

Cuando me doy cuenta de que me estaban colocando un plato de comida, yo era muy pequeña, tenía cuatro o cinco años, y veía que había un ser ahí. Entonces, preguntaba: «¿Eso es lo mismo que el pollo, la gallina, la vaca, la cabra?».

Y sí y no. Lo rechacé desde el primer momento, llorando: «No quiero comerme un animal». No quería, porque no podía comprender cómo podía querer tanto a un animal, hacerle cariño y, al mismo tiempo, comérmelo, que estuviera muerto en mi plato.

Siempre rechacé eso desde muy chica. Nunca me hicieron problema con eso y, ya como a los 12 años, conocí el concepto de vegetarianismo y dije: «Ya, voy a ser vegetariana». A los 18 o 19 años, entrando a la universidad, fue cuando me hice completamente vegana.

Has trabajado en rescate y protección animal. ¿Qué es lo más duro y qué es lo más esperanzador de ese trabajo en el día a día? ¿Cómo lo muestras en redes sin caer en el morbo ni agotar a tu audiencia?

R: “La verdad es que siempre ha sido un problema. De hecho, ya no he publicado mucho contenido de rescate animal, porque justamente había personas que incluso me insultaban diciéndome: «Oye, no subas esas cosas».

Y, en verdad, esa es la realidad de cómo viven millones de animales alrededor del mundo, que tienen que ver lo peor de la humanidad entre el abandono, el maltrato y la indiferencia, sobre todo la indiferencia. El abandono de animales es plenamente responsabilidad del ser humano. Su reproducción, quizás para algunas personas la insalubridad y todo lo demás, la salud pública que puede correr peligro para los humanos, es meramente culpa nuestra.

Yo tuve la triste experiencia de trabajar en veterinaria y es muy duro ver de cerca cómo la mayoría de los animales llegan en muy mal estado. Hay muchos que llegan agonizando o que simplemente ni siquiera alcanzan a llegar porque es muy tarde. Tú tienes que ver lo peor del ser humano reflejado en esto y es difícil lidiar con la indiferencia humana. De verdad, es muy difícil.

Te hace cuestionarte todos los días si la palabra humanidad realmente tiene sentido o no, porque la mayoría de la sociedad responde de una forma muy cruel, indiferente y fría, además”.

Tu vínculo con la música andina aparece en tu trabajo y en tu identidad. ¿Qué significa para ti y cómo se cruza con tu mirada política? ¿Qué papel tiene la música en tu forma de hacer activismo?

R: La música folclórica es uno de los bastiones más importantes que quedan para acercar un poco a la gente a lo que es la identidad popular y la comunidad, porque eso mismo es el folclor. El folclor andino lo tengo arraigado desde toda mi vida, porque desde muy niña me crié escuchando música andina. Me tocó recorrer todo el interior y vivir mucho tiempo en él.

Para mí, el norte de Chile, Bolivia y Perú son el Collasuyo y van a seguir siéndolo hasta el fin de los días. Estamos muy conectados unos con otros.

También he tenido la oportunidad de integrarme mucho con gente de Bolivia. En Iquique tenemos una comunidad boliviana muy grande y fueron personas que me recibieron muy bien en muchos espacios. Cuando las primeras veces dije que iba a realizar actividades solidarias, las primeras personas que estuvieron ahí apoyándome, diciéndome «hagámoslo», no fueron chilenos: fueron bolivianos.

Y no puedo olvidar la historia de la Nueva Canción Chilena, cómo fue reprimida, cómo fueron reprimidos los músicos andinos y cómo toda la música andina empezó haciendo canto popular, cantándole a su pueblo y a su gente como música de protesta ¿Cómo no admirarla y cómo no decir que es mi música favorita?”. 

Sección de preguntas rápidas  

¿Hamburguesa o papapleto? 

R: Hamburguesa de Seitán 

¿Eduardo Vargas o Marcelo Salas?

R: Eduardo Vargas: Obviamente, porque hay un motivo ahí que mucha gente puede imaginarse.

¿Gabriel Boric, Pedro Aguirre Cerda o Salvador Allende?

R: Allende, a morir, porque hay una historia personal ahí que me gusta muchísimo de Allende y que no todos conocen, y tiene que ver con su primera campaña y la banda Kjarkas, pero no puedo adelantar mucho. 

¿Sebastián Piñera, José Antonio Kast o Evelyn Matthei?

R: La tía Evelyn Matthei: Porque lo que se le hizo en la campaña pasada fue horrible. Además, de toda la gente de derecha, es una persona con la que sí se puede dialogar.

¿Tu lugar favorito? 

R: Las alturas del altiplano, la cordillera de los Andes.

¿Actitud humana que más odias?

R: La arrogancia.

¿Y la que más amas?

R: La humildad.

¿Quién debería ser el próximo presidente de Chile? 

R: Cualquiera que no sea un agente de la CIA. Eso incluye a toda la derecha y al PDG.

¿Tu canción favorita?

R: «Hijos de la Tierra», de Los Jaivas.

¿Cómo te gustaría que te recuerden?

Me gustaría que me recuerden como alguien que logró tener un santuario de animales. Esa es mi meta en la vida: un santuario de animales, alguna fundación de ayuda social y que, más que recordarme a mí, existan más personas que quieran seguir luchando por el porvenir de todos en colectivo y no individualmente.

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