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Primer día nacional del Títere: ¿Por qué nuestro cerebro decide darle vida a un títere?

A pesar de saber que es un objeto inerte, la reacción natural es hablarle, mirarlo, escucharlo y hasta sentir empatía por él. En el día Nacional del Títere y la Marioneta, especialistas UCSC explican qué ocurre cuando un títere adquiere características humanas y cómo esas reacciones pueden ser útiles incluso en la simulación clínica.

Un niño mira atentamente al títere. Lo escucha hablar, sigue sus movimientos y espera su respuesta. Cuando termina la función, no necesariamente quiere despedirse, sino seguir conversando con él. Sabe que hay una persona detrás, pero eso no parece importar. Para él, durante ese momento, el títere es alguien aparte, por sí solo.

La escena se repite en distintos escenarios y permite observar un fenómeno particular: un objeto que no está vivo puede provocar respuestas propias de una interacción humana. Las personas pueden dirigirle la palabra, interpretar sus gestos, atribuirle emociones y empatizar con lo que le ocurre.

La explicación está en una capacidad propia de la mente humana. La académica y Jefa de Carrera de Enfermería de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), Paola Pinilla, explica que las personas tienden a atribuir características humanas a aquello que observan: “El ser humano tiende a antropomorfizar las cosas, es decir, a darles sentido dentro de lo que él conoce como ser vivo o como ser humano”.

La académica relaciona este fenómeno con la capacidad de reconocer patrones y proyecta  emociones sobre aquello que se observa. “Cuando está viendo al títere moverse y actuar como un ser humano, la mente hace que las personas se relacionen con ese objeto como si fuera humano, por lo que pueden sentir emociones por el objeto”, señala.

No se trata necesariamente de olvidar que el títere es un objeto. El fenómeno ocurre precisamente mientras las personas conocen las reglas de la ficción y, aun así, deciden involucrarse en ella. Para la experta, es la misma dinámica que ocurre en el teatro: “Existe un acuerdo implícito entre quienes participan de la experiencia para aceptar, durante un momento, aquello que está ocurriendo frente a ellos como real dentro de la ficción”.

Para que esa transformación ocurra, el títere necesita algo más que movimiento. La actriz, titiritera y Directora del Elenco de Estudiantes UCSC, Karla Ortiz, explica que son distintos elementos los que permiten construir la personalidad del personaje.

“Las miradas, los movimientos, voces y pausas conforman la animación del títere, que es lo que hace que el títere esté vivo, que sea un personaje, que tenga características que lo representan”, menciona. En el aula, Ortiz ha observado que los niños y niñas encuentran en el títere un interlocutor diferente: “Las niñas y los niños dialogan de manera más horizontal y más clara, más sincera, con un títere que con una persona”.

Esta capacidad de generar una relación que se percibe como humana también tiene una aplicación concreta fuera del escenario. En la UCSC, el trabajo con LUCAS (Learning Unit for Child Advanced Simulation), muñeco de simulación clínica pediátrica que permite recrear situaciones de atención clínica en la formación de estudiantes de la salud.

A diferencia de un simulador destinado principalmente a practicar procedimientos, LUCAS incorpora elementos que buscan acercar la experiencia a una interacción con un paciente: por medio de la actuación de alguien que lo manipula, habla, se mueve, observa, escucha y expresa sentimientos en tiempo real. Para Pinilla, esa característica permite trabajar competencias que no se reducen a la ejecución técnica: “Un simulador como LUCAS permite que los estudiantes desarrollen competencias que tienen que ver con el trato humanizado”.

Vuelve a aparecer, entonces, el mismo fenómeno que ocurre frente a un títere sobre un escenario: el objeto genera una respuesta en quien lo observa. La propia experiencia de estudiantes y profesionales de la salud da cuenta de esa transformación. Según relata la académica, “lo que más mencionan los estudiantes y profesionales de la salud es que en algún momento olvidan que es un muñeco y piensan que es un niño. La interacción en tiempo real a través de la voz y del movimiento del títere hace que los estudiantes digan que es un escenario muy real y piensen en todo momento que atienden a un niño”.

El caso permite observar que la capacidad del títere para generar una respuesta emocional no depende exclusivamente de su uso artístico. La misma lógica que hace que un niño quiera contarle sus cosas a un personaje después de una función puede contribuir, en otro contexto, a que un estudiante o profesional de la salud se relacione con un simulador como si estuviera frente a un paciente.

Este fenómeno adquiere un contexto especial este 25 de agosto, fecha en que Chile conmemora por primera vez el Día Nacional del Títere y la Marioneta. La celebración fue establecida mediante decreto y busca reconocer el valor artístico, patrimonial y social de esta disciplina. La fecha fue escogida por el natalicio de Sergio “Tito” Guzmán, figura fundamental del desarrollo del arte titiritero en Chile y reconocido como Tesoro Humano Vivo. El día anterior, 24 de agosto, corresponde al natalicio de María Luisa Morales, también referente de esta disciplina en el país.

Así, en este día se celebra el arte de los títeres y, a su vez, la capacidad de nuestra mente para relacionarse, emocionarse y enternecerse con ellos.

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