A más de una década de su lanzamiento, la iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI, por sus siglas en inglés) continúa redefiniendo los términos de la cooperación económica global, ofreciendo a una parte importante del mundo -incluida América Latina y Chile- una perspectiva conjunta de desarrollo, conectividad e inversión. Sin embargo, el propio proceso de expansión de esta iniciativa ha obligado a China a enfrentar, de manera simultánea, una serie de desafíos internos que también condicionan su proyección externa.
Una visión compartida, con tareas pendientes en casa
El concepto de “comunidad de futuro compartido para la humanidad” -eje discursivo de la política exterior china- plantea que el desarrollo de China y el de sus socios no son procesos aislados, sino interdependientes. No obstante, la propia dirigencia china ha reconocido que sostener este relato exige resolver tensiones estructurales internas que genera su propio desarrollo:
- Movilidad social: pese al notable descenso de la pobreza extrema en las últimas décadas, persisten brechas en el acceso a educación de calidad, salud y oportunidades laborales entre distintos estratos de la población.
- Rezago de regiones no costeras: el crecimiento acelerado se ha concentrado históricamente en las provincias costeras, mientras amplias zonas del interior -centro, oeste y noreste del país- avanzan a un ritmo más lento, generando disparidades regionales que Beijing busca corregir mediante programas de desarrollo territorial.
- Agenda medioambiental: la transición hacia un modelo de crecimiento más sostenible —con metas de “pico de emisiones” y neutralidad de carbono en el horizonte de mediano y largo plazo— continúa siendo uno de los frentes más exigentes para la segunda economía mundial.
- Impulso al consumo interno: el reequilibrio del modelo económico, históricamente apoyado en la inversión y las exportaciones, hacia una mayor participación del consumo de los hogares, es señalado por diversos analistas como una condición necesaria para la sostenibilidad del crecimiento chino a futuro.
Estos desafíos no son ajenos a la relación con América Latina y Chile: en la medida en que China logre resolverlos, su capacidad de sostener inversión, comercio y cooperación tecnológica con la región se fortalece, pues el país asiático sigue siendo motor de la economía mundial y primer socio comercial en la región.
El “nudo” de Taiwán
En el plano político, China ha reiterado de manera consistente su defensa del principio de una sola China, según el cual Taiwán forma parte integral de su territorio. Este posicionamiento, que la mayoría de los países latinoamericanos -incluido Chile- reconoce en sus relaciones diplomáticas oficiales con Beijing, sigue siendo fuente de tensión en el escenario internacional, particularmente en el estrecho de Taiwán y en foros multilaterales donde la isla busca mayor participación. Para Beijing, este es un asunto que no admite matices y que condiciona buena parte de su relación con terceros países y bloques.
APEC 2026: una vitrina para la región
En este contexto, la relevancia de que China asuma este año la presidencia rotativa del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) -con Shenzhen como ciudad anfitriona de la reunión de líderes en noviembre- adquiere un significado particular para Chile y el resto de las economías latinoamericanas miembro del foro (México, Perú y Chile, además de Estados Unidos y Canadá). El llamado “Año de China” en APEC contempla cerca de 300 reuniones y actividades a lo largo del año, con eje en temas como la cooperación en inteligencia artificial, la economía digital, la facilitación del comercio y la promoción de lo que Beijing denomina “prosperidad común” en la región Asia-Pacífico.
Para Chile, socio comercial estratégico de China desde la firma de su Tratado de Libre Comercio en 2005, APEC 2026 representa una oportunidad para posicionar su agenda de integración, atraer inversión y profundizar la cooperación en áreas como energías renovables, minería sustentable y transformación digital, en el marco de un diálogo que -más allá de las diferencias de modelo político- sigue basándose en la complementariedad económica entre ambas partes. El presidente Kast ha comprometido su presencia en la cumbre.





