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Deslizamientos y remociones en masa: El fantasma que acecha a la zona central de Chile tras intensas lluvias

El investigador UOH Jorge Romero asegura que suelos saturados tras las intensas precipitaciones ocurridas a fines de junio y en agosto podrían augurar la posibilidad de estos fenómenos no solo en la cordillera.

Sí, las lluvias que ocurrieron a finales de junio y a mediados de agosto, contribuyeron con una alta cantidad de agua al suelo, lo que permite que estos se saturen y eventualmente se produzcan deslizamientos y remociones en masa”, señala Jorge Romero, Doctor en Ciencias de la Tierra e investigador postdoctoral del Instituto de Ciencias de la Ingeniería de la Universidad de O’Higgins (UOH).

El investigador recuerda que, durante el primer evento de junio, ocurrieron altas cantidades de remociones en masa en la cordillera que transportaron sedimento a través de los ríos hacia las cuencas. “En el segundo evento vimos que esa cantidad de sedimento era más limitada, pero sí ocurrieron deslizamientos de suelo en las zonas cordillerana, precordillerana y de la cordillera de la costa”, agrega.

De allí que el Dr. Romero asegure que probablemente ese suelo sigue saturado y puede volver a generar remociones en masa.

Frente a las lluvias que debieran llegar a la zona centro-sur de Chile este fin de semana, el investigador asegura que “tenemos que enfocarnos principalmente en los eventos meteorológicos que en un corto periodo de tiempo concentren altos montos de precipitación. Más allá de las cantidades de un día específico, lo importante es saber si esas precipitaciones caerán o no en cortos períodos, por ejemplo, una hora o algunos minutos”.

Asegura que estos fenómenos ya se han visto en la zona central, como en Malloa en enero de 2021, cuando se produjo una lluvia fuerte que en 7 minutos generó remociones en masa. “La condición preexistente eran dos eventos de lluvia previos que habían saturado el suelo, por lo que debemos poner énfasis en ese tipo de concatenación de sucesos”, reitera el investigador.

Pero ¿estamos preparados para un evento de este tipo? Según explica Jorge Romero, generalmente las comunidades tienen un conocimiento ecológico local, como lo denominan desde las ciencias sociales, que les permite saber de su entorno y las amenazas a las cuales están expuestas. “Sin embargo, estos eventos extremos tienden a producir impactos que están fuera de lo previsible por las personas y el riesgo -hoy día- es mucho más alto que meses atrás”.

El investigador UOH puntualiza que para enfrentar este escenario se debe trabajar de manera más preventiva. “Hay distintas dimensiones de este tipo de amenazas y procesos naturales y uno de ellos tiene que ver con la capacidad de alerta. Hemos visto que –en general- es bastante buena, sobre todo con las alertas SAE que están llegando a través del sistema de protección civil. Sin embargo, una flaqueza o vulnerabilidad es la cobertura de telefonía, por ejemplo, pues donde no hay cobertura telefónica no llegan estas alertas de manera efectiva”.

Por otro lado, agrega el investigador, en términos meteorológicos existen buenos pronósticos, “sin embargo, la capacidad de pronosticar eventos que sean extremos y en cortos periodos es más limitada”.

Frente a esta realidad, Jorge Romero indica que debemos escuchar el conocimiento local de la gente, “para saber cuáles son los territorios más susceptibles a remociones en masa”. En ese caso, Senapred, detalla el investigador, está haciendo un esfuerzo a través de una Mesa Regional de Peligros Geológicos desde el 2022, de la que la Universidad de O’Higgins es parte, para levantar información respecto a zonas susceptibles a remociones en masa. “Esta información podría, eventualmente, apoyar en estas condiciones, donde no sabemos cuándo va a suceder un evento catastrófico”, finaliza.

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