¿Quién manda hoy? Verdades incómodas sobre el nuevo poder y la crisis de nuestro futuro

Rubén Moraga Mamani, Académico

El poder ya no es una estructura institucional, es un juego arbitrario de lealtades y algoritmos. El mapa del siglo XX ha muerto, durante décadas creímos que el poder residía en el Estado, el capital físico y las grandes empresas. 

Hoy esa visión, esa geografía es obsoleta, el poder no solo ha cambiado de manos, ha cambiado de naturaleza, nos asomamos a un mundo de soberanos digitales y territorios fragmentados donde las herramientas de la ciencia política tradicional son tan inútiles como un ábaco en Silicon Valley.

Hoy habitamos espacios digitales que se sienten ágoras democráticas, pero en realidad son feudos privados; la plaza pública tiene dueños y no los conocemos.  Es decir, la vida pública donde trabajamos, discutimos y nos informamos, esta regida por algoritmos opacos y reglas que nadie decidió colectivamente. No somos ciudadanos en una plaza, somos inquilinos de una plataforma.

El riesgo existencial de nuestra era, es que la Inteligencia Artificial (IA) concentre la productividad de esta revolución en una ínfima elite técnica. Si no democratizamos hoy el acceso a la infraestructura de la IA, pasaremos de una desigualdad de ingresos a una de capacidades ontológicas, “unos pocos podrían controlar la infraestructura, los modelos y los datos, y capturar buen parte de la productividad de esta revolución”. ¿Quién será dueño de la IA? ¿Quién accederá a sus capacidades?

En este contexto no es menor la propuesta del presidente chino Xi Jinping quien anunció en la cumbre de Nueva Delhi una plataforma de inteligencia artificial de código abierto para el bloque de los BRICS y llamó al Sur Global a exigir una aplicación equitativa del derecho internacional, para profundizar la cooperación en materia de la IA y promover una nueva industrialización basada en la IA.

Por otra parte, hoy estamos viviendo el fin de “promesa educativa” y el “ascenso de los atajos”. El título universitario ya no es un escudo, es una trampa de deuda, y los jóvenes más brillantes ya lo saben. El símbolo definitivo de esa ruptura, es la Peter Thiel Fellowship: una beca de 200 mil dólares para que los estudiantes  con talento dejen la Universidad y emprendan por su cuenta.

La educación formal ha dejado de ser el motor de movilidad para convertirse en un trámite lento, que los jóvenes están tratando de “baipasear” mediante las apuestas online, criptomonedas o mercados ilegales. Esta crisis atraviesa todas las clases sociales, en Uruguay, en  los sectores populares se han detectados jóvenes mutilados  por deudas de apuestas; en las elites de universidades como McGill, se observan “estudiantes de honor” obsesionados con memes coins, en Chile nace el fenómeno de los “narco-zorrones”: jóvenes de entornos privilegiados que trafican no por hambre, sino por el estatus y la adrenalina que el aburrido sistema legal ya no garantiza. La ilegalidad ha ganado una “respetabilidad” que la meritocracia perdió.

Observamos que los viejos dioses del capital han caído, al parecer hoy vivimos el paso del capitalismo al “Tecnofeudalismo”. En el viejo sistema se ganaba dinero produciendo bienes; en el nuevo, se extrae renta controlando las plataformas donde otros interactúan.

El poder tradicional del lobby en Washington ha sido desplazado por figuras mesiánicas de Silicon Valley. Hoy el acceso al poder real no se compra con donaciones de campaña, sino rindiendo pleitesía en Mar-a-Lago o ajustando un algoritmo de recomendación, el Estado de derecho paso a ser un recuerdo lejano.

Actualmente dos fenómenos atraviesan al Estado, por un parte “la erosión del Estado desde abajo” y el “Estado como rehén”. Hoy tememos al líder autoritario que destruye al Estado desde arriba, al estilo Bukele o motosierra; en contraparte hoy existe una amenaza más silenciosa: la deserción ciudadana desde abajo. Ante un Estado que no protege ni provee, la gente simplemente se sale del sistema. Es la “salida con los pies”: informalidad total, voto en blanco y búsqueda de orden en el crimen organizado. Lo mas incomodo es entender  porque el Estado no interviene.

En plataformas o en las apuestas deportivas, el Estado esta secuestrado. Si intenta regular o cobrar impuestos, destruye lo que hoy funciona como un “seguro de desempleo clandestino”. El Estado tolera la ilegalidad porque es lo único que mantiene a flote la economía informal y evita un estallido social. No es falta de capacidad, es una decisión política de mirar al costado. “El crimen organizado aporta recursos, aporta organización, aporta gente, aporta votos…selecciona candidatos porque los financia o los asesina” señala el académico Juan Pablo Luna.

Hemos observado en las últimas elecciones que se han desarrollado en América Latina el surgimientos de Presidentes en cascaras vacías, quienes desarrollan una política de performance, es decir ganar una elección hoy nunca fue tan fácil; gobernar nunca fue tan difícil.

Los nuevos lideres -populistas o influencers– ganan con estridencia en redes sociales, pero al llegar a palacio descubren que habitan una “cascara vacía”. El Estado perdió “tracción” sobre la realidad económica y territorial. Lo cual convierte a la política en un ejercicio puramente performático. Como no puede mover la aguja de la seguridad o de la economía, los presidentes se refugian en batallas culturales y ruido digital. La polarización actual es estruendosa pero vacua: es el humo que oculta la impotencia de instituciones diseñadas para la era del vapor intentando regular la era de la fibra óptica.

Hoy debemos avanzar hacia una reinvención de la democracia, no podemos seguir gestionando una sociedad algorítmica con instituciones de la era industrial. La democracia liberal no es un bloque de mármol inmutable; es un experimento que hoy requiere de nuevas formas de representación. Debemos recuperar la soberanía sobre nuestros datos y nuestras vidas antes que los señores feudales cierren el candado. La pregunta es si el Estado liberal ya no puede cumplir su promesa de futuro ¿Qué tipo de comunidad estamos dispuestos a construir para no quedar a merced de los nuevos señores feudales digitales?