Lluvias recuerdan que el desafío no es solo eliminar bolsas, sino reducir la producción de residuos plásticos
- Las precipitaciones de las últimas semanas volvieron a evidenciar cómo los residuos abandonados terminan acumulándose en alcantarillas, cauces y riberas. Greenpeace reconoce el avance que significó la prohibición de las bolsas plásticas de comercio, pero advierte que Chile debe avanzar hacia una reducción efectiva de los plásticos desechables y una mayor responsabilidad de quienes los ponen en el mercado.
03 de agosto, 2026. Los intensos sistemas frontales que han afectado a distintas regiones del país durante las últimas semanas dejaron nuevamente una imagen conocida: residuos acumulados en alcantarillas, canales, quebradas, cauces urbanos y, finalmente, playas y borde costero. En ese contexto, cuando este 3 de agosto se cumplen ocho años de la entrada en vigencia de la Ley N°21.100, conocida como “Chao Bolsas Plásticas”, Greenpeace destaca que la normativa marcó un cambio importante en la forma en que el país enfrenta la contaminación por plásticos, aunque advierte que el problema sigue lejos de estar resuelto.
Cabe recordar que Chile fue el primer país de América Latina en prohibir la entrega de bolsas plásticas en el comercio. Antes de la entrada en vigor de la ley se estimaba que en el país se utilizaban cerca de 3.400 millones de bolsas al año y, según el Ministerio del Medio Ambiente, hacia 2020 su implementación ya había evitado la entrega de aproximadamente 4.800 millones de bolsas plásticas.
Pese a lo anterior, según la organización, el escenario actual demuestra que la contaminación por plásticos continúa siendo un problema estructural. El Plan de Invierno 2026 considera el retiro preventivo de cerca de 4.000 toneladas de basura desde la red de alcantarillado de la Región Metropolitana, mientras que durante 2025 ya se extrajeron más de 4.100 toneladas de residuos de ese sistema, incluyendo plásticos, neumáticos, textiles, aceites solidificados y otros desechos. Aunque no existe un desglose oficial que permita identificar qué proporción corresponde específicamente a residuos plásticos, la evidencia muestra que estos forman parte de los materiales que deben retirarse año tras año.
“La lluvia no crea la basura: revela y moviliza los residuos que ya estaban abandonados en nuestras ciudades. Cuando aparecen bolsas, botellas y otros plásticos en alcantarillas, canales y ríos, estamos observando el resultado de una gestión deficiente que comienza mucho antes de la tormenta”, afirma Silvana Espinosa, experta en Clima y Ecosistemas de Greenpeace.
En efecto, las precipitaciones movilizaron residuos que pueden haber permanecido durante meses o incluso años acumulados en calles, quebradas, riberas, vegetación y sedimentos. Parte de ellos terminó obstruyendo la infraestructura urbana y otra parte continúa desplazándose hacia ríos, estuarios y zonas costeras, donde agrava la contaminación de los ecosistemas acuáticos. De hecho, diversas investigaciones científicas han demostrado que los eventos de crecida aumentan el transporte de plásticos desde las cuencas hacia los cursos de agua, mientras que un estudio publicado en Science Advances concluyó que más de mil ríos concentran cerca del 80% de las emisiones fluviales de plástico que llegan al océano.
“A ocho años de la Ley Chao Bolsas Plásticas, Chile puede reconocer un cambio importante en los hábitos de consumo. Pero prohibir la bolsa del comercio fue solo el primer paso: todavía debemos reducir la producción de desechables, exigir mejores diseños y asegurar que las empresas se hagan responsables de los residuos que generan”, agrega Espinosa.
En este contexto, la vocera de Greenpeace destaca que durante los últimos años Chile ha dado pasos importantes con leyes como Chao Bolsas Plásticas, la de Plásticos de un Solo Uso o la de Responsabilidad Extendida del Productor (REP), normas que buscan avanzar hacia una mayor responsabilidad de quienes ponen productos y envases en el mercado. Sin embargo, la organización advierte que su implementación aún no ha logrado traducirse plenamente en una reducción efectiva de los residuos, por lo que, en la práctica, gran parte del esfuerzo sigue recayendo en las personas consumidoras y el Estado.
“No es razonable ni económicamente viable que el Estado, los municipios y las personas tengan que retirar cada invierno miles de toneladas de basura desde alcantarillas y cauces. La prevención debe comenzar en el diseño, la producción y la comercialización, no solamente cuando el residuo ya está obstruyendo la ciudad o llegando a los ríos”, señala la especialista.
De este modo, desde Greenpeace enfatizan que el principal desafío es avanzar hacia una economía donde se produzcan menos residuos desde el origen. “La Ley REP establece que quien introduce envases al mercado debe financiar su gestión. El desafío ahora es que esa obligación se traduzca finalmente en menor producción de residuos, mayor reutilización, recolección efectiva y productos que no estén diseñados para convertirse rápidamente en basura”, puntualiza Espinosa.