El ébola no se transmite por el aire: ¿por qué entonces puede propagarse tan rápido?

El mayor brote registrado en la República Democrática del Congo ya supera los 5.000 casos y las 2.500 muertes. Académico UCSC explica cómo el contacto con fluidos corporales, el diagnóstico tardío y las dificultades para rastrear a las personas expuestas pueden acelerar las cadenas de contagio.

El ébola no viaja suspendido en el aire como ocurre con algunas enfermedades respiratorias. Para que una persona se contagie debe existir contacto directo con sangre u otros fluidos corporales de alguien enfermo o fallecido, o con objetos contaminados. Entonces, ¿cómo puede un virus que requiere este tipo de contacto provocar una epidemia que avanza de manera exponencial?

La pregunta cobra especial relevancia ante la situación que enfrenta la República Democrática del Congo. El actual brote, causado por el virus Bundibugyo, se convirtió en el mayor registrado en la historia del país y ya se ha extendido por seis provincias. Al 21 de agosto, Naciones Unidas informaba más de 2.500 fallecidos y advertía que la epidemia continuaba expandiéndose exponencialmente.

Para Nicolás Saá, académico del Departamento de Ciencias Clínicas y Preclínicas de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), una de las claves para comprender esta aparente contradicción está en observar lo que ocurre cuando una persona enferma comienza a presentar síntomas.

“El ébola se transmite por contacto directo con la sangre u otros fluidos corporales de una persona enferma o fallecida, o mediante objetos contaminados. En las etapas avanzadas pueden aparecer vómitos, diarrea y hemorragias, aumentando el riesgo para familiares y personal sanitario. Los cuidados sin protección adecuada y algunas prácticas funerarias que implican tocar el cuerpo pueden originar varios contagios”, explicó.

Existe, además, una diferencia importante respecto de otras enfermedades infecciosas: una persona con ébola no transmite el virus antes de presentar síntomas, precisa el académico. Cuando los primeros síntomas pueden confundir Detener la transmisión depende, en buena medida, de identificar rápidamente a las personas enfermas. Sin embargo, los primeros signos del ébola pueden dificultar precisamente esa tarea.

“Los primeros síntomas, como fiebre, cansancio, dolor de cabeza y dolores musculares, se parecen a los de otras enfermedades, lo que puede retrasar el diagnóstico y el aislamiento”, señaló el médico. Ese retraso puede adquirir especial importancia en lugares donde existen dificultades para acceder oportunamente al sistema sanitario. Según el especialista, la falta de laboratorios, equipos de protección, camas especializadas y personal capacitado puede complicar todavía más la respuesta.

A ello se suman factores que van más allá de la medicina. “También dificultan la respuesta la movilidad de la población, las fronteras extensas, el acceso difícil a comunidades rurales y la desconfianza hacia las autoridades. El miedo y la desinformación pueden llevar a ocultar enfermos o rechazar las medidas sanitarias”, sostuvo Saá.

Varios de estos factores están presentes en el actual brote. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido que la emergencia ocurre en medio de una crisis humanitaria marcada por inseguridad, desplazamientos de población, alta movilidad y dificultades de acceso a servicios sanitarios. Los ataques contra instalaciones de salud también han obstaculizado la vigilancia y el trabajo de los equipos de respuesta.

21 días para seguir la cadena

Una vez identificado un caso, comienza otra tarea determinante: reconstruir con quién estuvo en contacto: “Esa es una de las medidas más importantes para controlar un brote. La detección temprana permite aislar al paciente de manera segura, confirmar el diagnóstico, iniciar su tratamiento y proteger a familiares, cuidadores y trabajadores de la salud. Mientras más tiempo permanezca una persona sintomática sin ser identificada, mayor es la posibilidad de que otras personas entren en contacto con sus fluidos corporales”, explicó Saá.

Quienes tuvieron una exposición de riesgo son monitoreados durante 21 días. Esto no significa que estén enfermos ni que necesariamente deban ser hospitalizados. El objetivo es detectar rápidamente la aparición de síntomas para impedir que comience una nueva cadena de transmisión.

“Si alguno presenta síntomas, puede ser evaluado y aislado inmediatamente, antes de originar nuevos contagios. Esta labor debe realizarse con confidencialidad, información clara y apoyo a las familias, porque la confianza y colaboración de la comunidad son indispensables para detener la epidemia”, agregó el académico de la UCSC.

La magnitud del desafío se observa actualmente en el Congo: pese al fortalecimiento de la vigilancia, la OMS señala que todavía existen numerosas cadenas de transmisión sin identificar, uno de los factores que dificultan contener la expansión.

Así, la velocidad de una epidemia no depende únicamente de que un virus pueda desplazarse fácilmente de una persona a otra. En el caso del ébola, el tiempo que transcurre hasta identificar a un enfermo, la posibilidad de encontrar a quienes estuvieron expuestos, las condiciones del sistema sanitario y, especialmente, la colaboración de las comunidades pueden marcar la diferencia entre cortar una cadena de contagio o permitir que continúe multiplicándose.