Advierten que la protección efectiva del océano exige acciones concretas y conciencia marítima
• En el marco del “Día Mundial de los Océanos”, el decano de la Facultad de Ciencias del Mar y Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Dante Queirolo, valoró los avances del país en materia de protección marina, aunque aseguró que aún existen importantes desafíos para resguardar los ecosistemas oceánicos y compatibilizar el desarrollo económico con la conservación.
Chile es uno de los países con mayor extensión marítima del planeta y es reconocido internacionalmente por los avances alcanzados en materia de protección de sus ecosistemas marinos. Actualmente, cerca del 54% de su Zona Económica Exclusiva cuenta con protección, posicionando al país entre los líderes mundiales en conservación oceánica.
Pese a ello, especialistas advierten que aún persisten desafíos significativos para garantizar la sostenibilidad de los ecosistemas marinos, pues para mantener actividades productivas como la pesca y la acuicultura en el largo plazo, se requieren ambientes oceánicos saludables y recursos bien gestionados.
En el marco del “Día Mundial de los Océanos”- fecha instituida el 8 de junio por las Naciones Unidas para destacar su importancia, promover la conservación y concientizar sobre el impacto de las actividades humanas- el decano de la Facultad de Ciencias del Mar y Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Dante Queirolo, aseguró que Chile cuenta con extensas áreas marinas protegidas y con una Política Oceánica Nacional que reconoce el rol estratégico del océano para el desarrollo económico, la conservación de la biodiversidad y el bienestar de las futuras generaciones. No obstante, advirtió, la protección efectiva del mar requiere avanzar más allá de las declaraciones.
“Proteger el mar no consiste solamente en declarar grandes áreas protegidas. El verdadero desafío es implementar acciones concretas, con recursos, monitoreo y una coordinación efectiva entre las distintas instituciones”, afirmó.
El académico explicó que estos desafíos deben abordarse en un contexto marcado por la denominada “triple crisis planetaria”, caracterizada por la contaminación, la pérdida de biodiversidad y el cambio climático. Ejemplo de ello, dijo, son las marejadas cada vez más frecuentes que afectan las costas chilenas o el florecimiento de algas nocivas que impactan la acuicultura.
Según el decano, este escenario obliga al país a reaccionar de manera urgente, porque además vivimos con el desafío de aprender a convivir en un espacio cada vez más demandado, donde confluyen actividades tan diversas como la pesca, la acuicultura, el transporte marítimo, el turismo, la conservación y, más recientemente, nuevas iniciativas energéticas. “Esto genera tensiones de gobernanza. Por ejemplo, las discusiones en torno a los Espacios Costeros Marinos para pueblos originarios han puesto de manifiesto la necesidad de generar mayores espacios de diálogo y planificación, para compatibilizar distintos usos e intereses legítimos sobre amplias zonas geográficas del territorio, incluyendo áreas marinas”, enfatizó.
Si bien valoró los avances del Estado en la elaboración de políticas y planes de adaptación, insistió en que uno de retos más importantes es avanzar desde los diagnósticos hacia la implementación efectiva de medidas concretas en los territorios y comunidades costeras.
“La adaptación requiere inversión, coordinación y conocimiento científico, lo cual muchas veces está a nivel declarativo y no se percibe una voluntad real de destinar recursos en la magnitud que se requiere, fundamentalmente por las diversas necesidades de nuestra sociedad”, puntualizó.
Fortalecer la educación oceánica
Para Dante Queirolo, uno de los aspectos fundamentales para enfrentar estos desafíos es fortalecer la educación y la conciencia marítima de la ciudadanía.
“Aunque vivimos en uno de los países con mayor extensión marítima del planeta, conocemos muy poco sobre el océano y sobre cómo influye en nuestra vida cotidiana. El mar no solo nos entrega alimentos, también regula el clima, sostiene empleos, conecta a Chile con el mundo y alberga una biodiversidad extraordinaria” sostuvo.
En ese sentido, el académico planteó la necesidad de impulsar una educación oceánica desde las primeras etapas formativas, para que niños, jóvenes y adultos comprendan que el océano no es algo lejano, sino parte fundamental de nuestra identidad y nuestro desarrollo. Asimismo, destacó el rol que cumplen universidades como la PUCV en la generación de conocimiento científico y su vinculación con la comunidad.
“Tenemos una responsabilidad especial como Universidad. Formamos profesionales e investigadores, participamos en espacios de asesoría, generamos conocimiento, pero también buscamos acercar el conocimiento científico a las comunidades y contribuir a una mayor cultura oceánica en la sociedad”, finalizó.