“Hijo de extranjero transeúnte”: Defensoría de la Niñez expresa preocupación por instrucción del registro civil

DECLARACIÓN PÚBLICA

Defensoría de la Niñez por Circular N° 014 del Servicio de Registro Civil e Identificación sobre nacionalidad de niños y niñas nacidos en Chile

24 de abril de 2026

La Defensoría de la Niñez expresa su preocupación ante la Circular N° 014 del Servicio de Registro Civil e Identificación, que instruye a las direcciones regionales a que los niños y niñas, nacidos en territorio nacional cuyos padres se encuentren en situación irregular sean inscritos como “hijo de extranjero transeúnte”. Cabe señalar que esta categoría se aplica a “personas nacidas en territorio chileno de padres que se encuentran de paso, turismo o sin intención de establecerse”, situación que dista de aplicarse a personas que habitan desde hace años en Chile”.

Esta medida resulta preocupante pues representa un retroceso respecto de los avances que el Estado ha venido impulsando en materia de protección de derechos de niños y niñas en contexto de movilidad humana. Asimismo, la circular establece un mecanismo que genera riesgo de apatridia, condición que afecta de manera directa el ejercicio de derechos fundamentales, sobre todo en el ámbito de la salud y educación.

La Circular introduce un criterio que no se funda en la situación propia del niño o niña, sino en la condición administrativa de sus padres, lo que resulta incompatible con el enfoque de derechos de la niñez y con la obligación del Estado de garantizar igualdad en el acceso y ejercicio de derechos fundamentales, independiente de la condición migratoria de los padres.

Asimismo, la institución advierte que, aunque el nacimiento sigue siendo inscrito y existen mecanismos de oposición o revisión, la carga de activar esos procedimientos queda radicada en las familias y no en el Estado, pese a que es este último, el llamado a reconocer y garantizar los derechos de que los niños y niñas son titulares. En esta materia, es deber del Estado garantizar desde el inicio la protección efectiva del derecho a la nacionalidad, a la identidad y a la no discriminación, sin trasladar a las familias la responsabilidad de reclamar por derechos que deben ser resguardados oportunamente.

Junto con ello, preocupa que esta regulación no aparezca suficientemente articulada con la Ley N° 21.430 y con el sistema de protección integral de derechos de niños, niñas y adolescentes, que obliga a todos los órganos del Estado a actuar teniendo siempre como consideración primordial el interés superior del niño.

La Defensoría de la Niñez enfatiza que la aplicación de esta Circular debe ser revisada estrictamente conforme a la normativa nacional y a los estándares internacionales de derechos humanos. Los niños y niñas nacidos en Chile no pueden ver condicionado el ejercicio de sus derechos por interpretaciones administrativas que los sitúen en una posición de mayor vulnerabilidad.




Juan A. Lagos comenta acciones y proyecciones geopolíticas de EE.UU

El dirigente del Partido Comunista se refirió a la muerte de una periodista libanesa tras un ataque israelí en la región sur de ese país, pese al alto el fuego declarado el 16 de abril.

“Son centenares quienes han muerto y con una cantidad muy importante de mujeres”, señaló el comentarista político sobre los comunicadores, víctimas de estas acciones violatorias de los acuerdos de tregua. 

Remarcó la masacre que ha significado la ocupación israelí en Gaza que se suma a los ataques en Medio Oriente también suscitados por Estados Unidos. Recordó los miles de niños palestinos asesinados, así como los 180 que han muerto en Irán, particularmente las escolares que fallecieron en el ataque perpetrado por Estados Unidos en la escuela Shajaré Tayebé en Minab.

“Son pocas las reacciones con respecto a las secuelas para la humanidad. Es la intervención más feroz después de la Segunda Guerra Mundial”, dijo sosteniendo que el conflicto en Medio Oriente supera los márgenes de una guerra no convencional:

En esa línea, el dirigente del PC apuntó al persistente y colosal despliegue armamentístico de Estados Unidos en la zona, pero que no ha estado exento a salidas y renuncias de la cúpula militar, como ocurrió con el Secretario de la Marina, John Phelan:

Comentó además que el país norteamericano y bajo la administración de Trump ha explicitado dirigir un nuevo escenario económico en su beneficio para el 2030 y donde resulta clave el control del precio del petróleo a nivel mundial:

Por otro lado, respecto a la situación de Cuba -país que ha concentrado en el último tiempo, nuevas amenazas por parte del Presidente Trump- apuntó a lo expresado por el Presidente Díaz Canel de que su nación debe prepararse frente a un eventual ataque:

“Cuba tiene una política de defensa que incluye a todo el pueblo. Se ha preparado por mucho tiempo y yo diría que es su fortaleza, pero a 90 millas tienen una locura criminal”, expresó señalando que el país socialista está manejando varias alternativas políticas. “Que Cuba no tenga disposición al diálogo es falso”, precisó:

“El actual gobierno norteamericano lo que está buscando es generar una desestabilización cosa que no ha logrado y justificar una intervención bélica para controlar geopolíticamente la zona”, dijo refiriéndose a Panamá, país centroamericano que tiene un acuerdo bioceánico con China, de modo el canal de Panamá perdería relevancia y por ende, Estados Unidos en ese paso estratégico.

“Esto puede implicar distintos factores de la acción bélica. Buscan deslegitimar a la actual dirección revolucionaria. Lo hicieron con Allende. Los medios hegemónicos de este país y norteamericanos descalificaban al Presidente de una manera brutal”, recordó.

Chile bajo el efecto mundial e imperial

Frente al contexto internacional, el analista resaltó que más allá del conflicto en Medio Oriente que ha alterado al alza los precios del combustibles, este escenario de riesgo es producto de los excesos políticos de Trump: 

Asimismo criticó la línea de mensaje de la diplomacia estadounidense en Chile y que encabeza Brandon Judd, quien aludió en el marco del acuerdo para la exploración y explotación de minerales críticos y tierras raras, la independencia de Chile frente a China en la materia: “Eso es falso porque el acuerdo da permiso de referencia muy significativos a Estados Unidos, irrumpiendo la soberanía, en temas como el cobre, el litio y muchos más”, defendió el analista.




Menos horas, nuevos desafíos: lo que trae la reducción de la jornada laboral en Chile

  • La nueva etapa fija reglas claras para la distribución del tiempo de trabajo, obliga a redefinir acuerdos entre empleadores y trabajadores y marca un punto clave en la transformación del sistema laboral chileno rumbo a 2028.

Chile avanza en uno de los cambios más relevantes de su legislación laboral en las últimas décadas. Desde este 2026, la jornada ordinaria de trabajo se reduce de 44 a 42 horas semanales, en el marco de la implementación gradual de la Ley N°21.561, que culminará en abril de 2028 con un máximo de 40 horas para los trabajadores regidos por el Código del Trabajo.

El proceso responde a una tendencia internacional de larga data. “Uno de los frutos de las reivindicaciones del movimiento sindical mundial es que el tiempo dedicado al trabajo se ha reducido entre un 40% y un 50% respecto del siglo XIX”, explica Fernando Monsalve, académico de la carrera de Derecho de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC). En esa línea, agrega que “la reducción de la jornada ha sido promovida históricamente por organismos internacionales, consolidándose hoy como un estándar en diversas economías desarrolladas”.

Actualmente, Europa presenta jornadas promedio de 40 horas semanales o incluso menos, mientras que en América Latina los países avanzan a distintas velocidades. Chile se posiciona entre aquellos que han optado por una reducción progresiva, alineándose con tendencias regionales que buscan equilibrar productividad y bienestar.

“La implementación de la ley comenzó el 26 de abril de 2024, cuando la jornada pasó de 45 a 44 horas. El segundo hito se concreta este 2026 con la reducción a 42 horas, y el proceso finalizará el 26 de abril de 2028 con la meta de 40 horas semanales”, explica el experto.

Esta normativa aplica a trabajadores regidos por el Código del Trabajo, incluyendo a trabajadoras de casa particular puertas afuera, pero excluye a quienes prestan servicios a honorarios sin subordinación y a funcionarios públicos sujetos a estatutos especiales, quienes mantienen una jornada de 44 horas.

El académico de la UCSC subraya que la ley no solo establece una rebaja de horas, sino que también promueve el diálogo entre las partes. “El mecanismo principal que privilegia la normativa es el acuerdo entre empleadores y trabajadores, o sus organizaciones sindicales, para definir cómo se implementa la reducción”.

En caso de no existir acuerdo, la Dirección del Trabajo ha fijado criterios obligatorios. “Según el dictamen vigente para esta etapa, en jornadas distribuidas en cinco días, el empleador deberá reducir una hora al final de dos días distintos de la semana; mientras que, en jornadas de seis días, la disminución considera 50 minutos en dos días y 20 minutos en un tercer día”, indica el especialista.

Además, se establece que los acuerdos adoptados en la primera etapa no se extienden automáticamente a esta nueva reducción. Por ello, si no existe un nuevo pacto en 2026, se debe aplicar la modalidad definida por la autoridad, sin alterar unilateralmente lo previamente acordado.

Uno de los aspectos más relevantes en la implementación práctica es el tratamiento de la colación cuando esta es imputable a la jornada laboral. Monsalve explica que este derecho no puede ser modificado sin acuerdo entre las partes. “Si la colación forma parte de la jornada, el tiempo efectivo de trabajo puede ser incluso menor al total de horas semanales fijadas por la ley”, señala.

Asimismo, la normativa introduce incentivos para que este tipo de beneficios sea revisado en procesos de negociación colectiva, lo que podría impactar las condiciones laborales en el mediano plazo. Por otro lado, la ley permite que aquellas empresas que ya operan o acuerden una jornada de 40 horas puedan distribuirla en cuatro días, abriendo la puerta a esquemas laborales más flexibles.

La reducción de la jornada busca mejorar la calidad de vida de las personas, facilitando la conciliación entre el trabajo, la vida familiar y personal, además de contribuir a la salud física y mental al disminuir el agotamiento y el estrés crónico.

No obstante, también plantea desafíos importantes. “Al no existir una reducción proporcional de las remuneraciones, se abre un debate sobre productividad, costos para las empresas y eventuales procesos de automatización”, advierte el académico. En este escenario, agrega, “la adaptación de las organizaciones será clave, especialmente en sectores donde la continuidad operativa es crítica”.

Otro punto relevante es la actualización de criterios respecto a trabajadores excluidos de la limitación de jornada, como aquellos sin fiscalización superior inmediata. La Dirección del Trabajo ha precisado que esta condición no depende únicamente del cargo o función, sino del grado real de autonomía con que se desempeñan las labores.

“Lo determinante es si existe un control directo y efectivo sobre la forma y oportunidad en que se realiza el trabajo. Esa evaluación debe hacerse caso a caso, aplicando el principio de primacía de la realidad”, explica Monsalve.

Finalmente, y para el académico, la reducción de la jornada laboral representa un cambio estructural que va más allá del cumplimiento normativo. Implica repensar la organización del trabajo, la gestión del tiempo y las relaciones laborales. “Estamos frente a una transformación cultural en el mundo del trabajo. El éxito de esta política dependerá, en gran medida, de la capacidad de diálogo y de adaptación tanto de empleadores como de trabajadores”, concluye.




“Es una vergüenza”: Lorena Pizarro oficia a ministro Rabat por instrucción de omisión a abogados de derechos humanos

Con el propósito de obtener información respecto de la orden al Programa de Derechos Humanos para abstenerse de intervenir en audiencias donde criminales de lesa humanidad piden beneficios, es que la diputada Lorena Pizarro elevó un oficio al ministro de Justicia, Fernando Rabat, con copia a la contralora de la República, Dorothy Pérez.

En el documento se pide específicamente que el secretario de Estado envíe una copia íntegra, fechada y suscrita, de toda instrucción a los abogados del programa de DD.HH. referida a su proceder en las audiencias. A su vez, solicita la confirmación de, si se ha dictado o no, un acto administrativo formal que modifique, suspenda o derogue el Protocolo de Actuación de Programa de Derechos Humanos, entre otros.

Según explicó la diputada Pizarro, el oficio responde a que “nos enteramos que el gobierno ‘antidelincuencia’, el gobierno que tante prometió, hoy ha avanzado, con mucha fuerza y una vez más, en contra de lo que son sus obligaciones internacionales para con las víctimas de la dictadura civil-militar, y en un hecho sin precedentes ha enviado un oficio donde se le señala a los abogados defensores de causas de derechos humanos, del programa de DD.HH. del Ministerio de Justicia, que no apelen ni presenten recursos ante las solicitudes de libertad de los abogados de los genocidas presos en Chile”.

“Solo decir que más allá de lo formal que podamos hacer -que lo estamos haciendo-, esto es una vergüenza, incumple normas internacionales, incumple tratados firmados por Chile (…) De verdad este gobierno está gobernando para esa élite autoritaria, desvergonzada y que fue parte de gravísimos crímenes en dictadura”, finalizó la histórica dirigente de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos.




Años cotizados: un reconocimiento necesario, pero aún insuficiente

Sergio Fernández Araya

Académico de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas (FACEA) de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC)

El debate previsional en Chile ha estado históricamente marcado por una profunda insatisfacción ciudadana. Durante años, el sistema de pensiones no ha logrado cumplir una promesa básica: asegurar ingresos suficientes en la vejez para quienes cotizaron de manera constante a lo largo de su vida laboral. Las bajas pensiones, la excesiva dependencia del ahorro individual y las persistentes brechas de género han debilitado la legitimidad del modelo y reforzado la percepción de que el esfuerzo contributivo no siempre es justamente recompensado. 

La reciente Reforma de Pensiones incorporó el denominado Beneficio por Años Cotizados, una medida que, busca saldar una deuda histórica con quienes aportaron durante décadas al sistema previsional. El principio que la inspira es simple y difícil de cuestionar: reconocer el esfuerzo contributivo de las personas que sostuvieron el sistema con su trabajo formal. 

El beneficio consiste en un aporte mensual adicional financiado por el nuevo Seguro Social Previsional, equivalente a 0,1 UF por cada año cotizado, con un tope de 25 años. En valores actuales, ello se traduce en cerca de cuatro mil pesos por año cotizado y un máximo cercano a los cien mil pesos mensuales. No es un monto despreciable, especialmente para pensiones bajas, y tiene el mérito de sumarse automáticamente al pago mensual, a partir de enero de 2026, sin trámites ni postulaciones. En un país donde muchos beneficios sociales tardan en llegar a sus destinatarios, este diseño es, sin duda, un acierto.

No obstante, el impacto real del beneficio debe analizarse con cautela. En primer lugar, el tope de años reconocidos introduce una señal ambigua: se premia la cotización, pero solo hasta cierto punto, diluyendo el incentivo para trayectorias laborales más extensas. En segundo término, los requisitos de acceso dejan fuera a grupos significativos, especialmente mujeres con historias laborales interrumpidas, aun cuando estas interrupciones respondan a labores de cuidado que el propio Estado reconoce como socialmente valiosas. El aumento gradual del mínimo de cotizaciones exigidas a mujeres refuerza esta tensión entre reconocimiento y exclusión.

Desde una perspectiva ética y de política pública, el Beneficio por Años Cotizados es un paso en la dirección correcta, pero claramente insuficiente para resolver el problema estructural de las bajas pensiones. Más que una solución definitiva, parece una señal política: el sistema comienza a incorporar criterios de solidaridad y reconocimiento contributivo más allá del ahorro individual puro.

La pregunta de fondo sigue abierta: ¿queremos un sistema que solo administre precariedades o uno que garantice pensiones dignas? Este beneficio aporta alivio, pero no reemplaza la necesidad de una discusión más profunda sobre suficiencia, equidad y justicia previsional. Reconocer los años cotizados es un buen comienzo, pero no puede ser el punto concluyente de un problema social profundo.




La responsabilidad de hablar cuando miles esperan una vivienda

Señor Director:

Las recientes declaraciones del ministro Iván Poduje, señalando que el ministerio podría estar quedándose sin recursos, merecen una profunda reflexión pública. No solo por el contenido de sus palabras, sino por el impacto que estas generan en miles de familias que esperan una solución habitacional.

Cuando una autoridad de Estado habla, no lo hace como un ciudadano más. Sus palabras tienen peso institucional, repercuten en la confianza pública y afectan directamente el ánimo de quienes llevan años esperando una vivienda digna. En Chile, detrás de cada comité, subsidio o proyecto, hay madres, adultos mayores, trabajadores y niños que ven en el acceso a la vivienda una esperanza concreta de estabilidad.

Plan claro de por eso, instalar mensajes de incertidumbre sin acompañarlos de certezas, soluciones o una acción resulta profundamente preocupante. Se genera temor, angustia y desmoralización en familias que ya cargan con el peso de los arriendos altos, el hacinamiento y la espera interminable.

Es legítimo transparentar dificultades presupuestarias. La ciudadanía valora la verdad. Pero la verdad debe ir acompañada de liderazgo, responsabilidad y conducción política. No basta con advertir problemas: se espera de una autoridad que también entregue caminos, priorizaciones y certezas.

Hoy Chile necesita ministros que informen, pero también que inspiren confianza. Que reconozcan las dificultades, pero convoquen a superarlas. Que comprendan que detrás de cada cifra presupuestaria hay vidas humanas esperando respuestas.

La crisis habitacional no se enfrenta con frases alarmantes, sino con gestión, unidad y sentido de urgencia.

Atentamente,

Juan Vera Carrasco
Presidente y Dirigente del Movimiento Autónomo de Vivienda (MAV)
Peñalolén

 




Lo que hay tras cada noticia 24 de Abril 2026




Día Mundial de la Tierra: académico ICA3 destaca rol de universidades y ciudadanía en la acción climática

  • El Dr. Jorge Medina enfatizó la necesidad de avanzar en acciones concretas desde la Educación Superior, el mundo productivo y la ciudadanía para enfrentar la crisis climática y resguardar los ecosistemas.

En el marco del Día Mundial de la Tierra, conmemorado cada 22 de abril, el académico del Instituto de Ciencias Agroalimentarias, Animales y Ambientales (ICA3) de la Universidad de O’Higgins (UOH), Dr. Jorge Medina, relevó la importancia de avanzar en acciones concretas que permitan enfrentar la crisis climática, promoviendo la sostenibilidad y la protección de los ecosistemas desde distintos ámbitos de la sociedad.

En esa línea, Medina enfatizó el rol que cumplen las instituciones de Educación Superior, pues “están mandatadas a ser agentes de transformación a través de la formación de profesionales críticos y con una mirada de sostenibilidad”.

En este contexto, explicó que avanzar hacia campus sostenibles implica medidas concretas como la reducción de la huella de carbono, la transición hacia energías renovables y una gestión más eficiente de los recursos.

“Las universidades necesitan actuar desde adentro hacia afuera: reducir su huella de carbono, sostener el compromiso de bajar emisiones e integrar la sostenibilidad en el currículo y la gestión de campus”, indicó el académico.

Asimismo, el investigador destacó que estas acciones no solo impactan en la institución, sino que también permiten proyectar cambios hacia la comunidad. Ya que “cuando los campus vinculan investigación y gestión con sostenibilidad, se convierten en laboratorios vivos y centros de ideas que muestran a la comunidad cómo avanzar hacia un desarrollo sostenible”.

De acuerdo con Medina, existen modelaciones robustas que indican que una transición hacia modelos circulares podría alcanzar un incremento potencial del 1,54% en el PIB y la creación de aproximadamente 33.000 nuevos empleos hacia 2030, especialmente en energía y construcción.

Medidas como la prevención de pérdidas de alimentos muestran una alta rentabilidad social, con una razón beneficio-costo de 14:1, entre otros antecedentes relevantes. Las universidades cumplen aquí un rol estratégico como bisagra entre el conocimiento y el territorio productivo: integrar los ODS en la vida universitaria implica transformarlas en espacios más verdes, inclusivos y resilientes.

Sostenibilidad y desarrollo: una oportunidad, no una contradicción

El académico también abordó la relación entre sostenibilidad y crecimiento económico, descartando que se trate de objetivos incompatibles.

“La oposición entre sostenibilidad y desarrollo es un falso dilema. El camino hacia la neutralidad climática moderniza el sistema productivo, genera empleo de mayor calidad e impulsa tecnologías más eficientes y limpias”.

En esa línea, añadió que “un proyecto verdaderamente sostenible equilibra reducir la huella ambiental, garantizar equidad social y asegurar rentabilidad a largo plazo”, destacando el potencial de la economía circular y la innovación como motores de cambio en sectores estratégicos.

Finalmente, Jorge Medina puso énfasis en la necesidad de proteger los ecosistemas como base para enfrentar la crisis climática y asegurar el bienestar de las futuras generaciones. “Los ecosistemas son infraestructura climática básica, no un lujo ambiental”, advirtió, explicando que su conservación es clave para mantener servicios esenciales como la regulación del clima, la disponibilidad de agua y la producción de alimentos. La pérdida de estos ecosistemas no es gradual ni siempre reversible; puede alcanzar puntos de inflexión que desencadenan cambios irreversibles”, indicó, reforzando la urgencia de avanzar en su protección.




Policrisis y ciudades al límite: experta advierte que modelo urbano chileno “está agotado”

  • La académica Gabriela Guevara Cué sostiene que la convergencia de crisis económicas, climáticas, de contaminación y energéticas está tensionando un modelo de desarrollo urbano incapaz de responder a los desafíos actuales, profundizando desigualdades y fragilidad territorial.

Las ciudades chilenas están enfrentando una presión inédita. El alza del costo de la vida, la crisis energética, la emergencia climática y un escenario internacional inestable no solo coexisten, sino que interactúan entre sí, configurando lo que distintos especialistas han denominado una “policrisis”. Para Gabriela Guevara, académica del Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de O’Higgins (UOH), este escenario no hace más que evidenciar un problema más profundo: la fragilidad estructural del modelo urbano que ha predominado en el país durante las últimas décadas.

“Las ciudades están resistiendo desde una posición estructuralmente frágil”, plantea. Su diagnóstico apunta a un modelo de urbanización subsidiario y orientado al mercado, consolidado desde la Política Nacional de Desarrollo Urbano de 1979 -cuyo principio fundacional expresó que el suelo urbano no es un recurso escaso-, que ha legado deudas urbanas acumuladas: segregación socioespacial, periferias mal equipadas; un déficit habitacional que, según Déficit Cero y el Centro de Desarrollo Urbano Sustentable (CEDEUS), supera las 650 mil viviendas; dependencia energética de combustibles fósiles importados e infraestructura diseñada para un clima que ya no existe.

Más que un fenómeno coyuntural, la Dra. Guevara Cué advierte que la actual convergencia de crisis opera como una “prueba de esfuerzo” que deja al descubierto esas fallas con crudeza y de manera profundamente desigual. La actualización de la Política Nacional de Desarrollo Urbano de 2014, elaborada por la Comisión Asesora Presidencial, y las propuestas posteriores del Consejo Nacional de Desarrollo Urbano (CNDU), reconocieron la necesidad de transitar hacia ciudades integradas, equitativas y sustentables; sin embargo, su implementación ha dependido de voluntades políticas oscilantes entre administraciones y sin mecanismos formales que aseguren su continuidad.

Planificación regional

La Región de O’Higgins constituye, a juicio de la investigadora, un caso ilustrativo de estas tensiones. Rancagua y Machalí han expandido sus manchas urbanas sobre suelos clase I y II del Valle Central —los de mayor capacidad agrícola del país—, mientras el Plan Regulador Metropolitano de Rancagua no ha logrado contener la expansión de baja densidad. Pichilemu, Santa Cruz y el secano costero experimentan una presión inmobiliaria creciente sin infraestructura hídrica ni vial adecuada. “Se trata de territorios que crecen sin la infraestructura necesaria para habitarlos con dignidad”, explica.

En este contexto, uno de los nudos críticos es la debilidad institucional de la planificación a escala regional. La Ley 21.074 de Fortalecimiento de la Regionalización habilitó el Plan Regional de Ordenamiento Territorial (PROT) como instrumento orientador, pero este ha avanzado lentamente y carece de fuerza vinculante sobre los instrumentos de planificación territorial comunales. A esto se suma una gobernanza fragmentada, donde el Gobierno Regional, las SEREMI sectoriales y los municipios operan con competencias difusas y sin articulación efectiva a escala de cuenca o de sistema urbano.

“Las crisis actuales no respetan límites comunales, pero seguimos gestionando el territorio como si lo hicieran”, advierte Guevara Cué. Las cuencas atmosféricas del valle central, los sistemas hídricos del Cachapoal y el Tinguiririca, la movilidad cotidiana y los mercados de suelo operan a escala metropolitana, pero continúan siendo administrados con herramientas fragmentadas y competencias de diversas instituciones involucradas. Áreas como Rancagua, Machalí, Graneros y San Francisco de Mostazal funcionan de facto como una realidad metropolitana sin una institucionalidad metropolitana efectiva que las articule, asegura la experta.

Impacto en sectores vulnerables

El impacto de esta situación se expresa con especial intensidad en los sectores más vulnerables. En comunas como San Vicente de Tagua Tagua, Rengo o en sectores periurbanos de Rancagua, los hogares destinan proporciones muy elevadas de su ingreso a transporte, energía y alimentos, configurando lo que la Ley 21.305 de Eficiencia Energética y la literatura especializada reconocen formalmente como pobreza energética. La megasequía —documentada por el Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)² en sus informes a la nación— ha golpeado con particular fuerza las cuencas del Rapel y del Cachapoal, donde los camiones aljibe han devenido en política permanente en localidades como Litueche, La Estrella, Marchigüe o Paredones, pese a que la Ley 21.435 de 2022 consagró el agua como bien nacional de uso público.

“La desigualdad territorial no es sólo una brecha, es una forma de injusticia”, sostiene la académica. “Los megaincendios de 2017 en la zona centro sur, y los de Valparaíso de 2024, demostraron que el riesgo climático se concentra donde también convergen la informalidad urbana y la precariedad institucional”, añade. Además, la Ley 21.364, que creó el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (SENAPRED), opera sobre territorios que carecen aún de planificación preventiva robusta, perpetuando una distribución inequitativa del riesgo.

Modelo agotado

Frente a este panorama, la académica es enfática en señalar que el modelo actual “está agotado”. Sin embargo, advierte que reconocerlo retóricamente no es suficiente: “No basta con declararlo obsoleto; se requieren cambios estructurales que afecten las reglas del juego”. Instrumentos como la Ley 21.450 de Integración Social y Urbana representan avances en la dirección correcta a su juicio, pero han resultado insuficientes para revertir décadas de segregación acumulada, en parte porque las condiciones habilitantes (como suelo bien localizado, transporte accesible, servicios de calidad) no se han transformado al mismo ritmo.

Entre las transformaciones necesarias, plantea la urgencia de transitar desde un urbanismo de expansión y extracción hacia uno de cuidado, proximidad y suficiencia. “Esto implica cuestionar dogmas estructurales: que la vivienda social debe construirse allí donde el suelo es más barato, reproduciendo la segregación que la Ley 21.450 busca corregir; que la movilidad se resuelve con más autopistas; que la infraestructura verde es un ornamento y no una forma de seguridad hídrica; y que la planificación debe subordinarse a la rentabilidad inmobiliaria antes que a los derechos territoriales de la ciudadanía”, detalla.

No obstante, el desafío central no radica únicamente en el diseño de nuevas políticas, sino en las condiciones materiales para su implementación efectiva. La Ley 21.455 Marco de Cambio Climático (2022) instala una arquitectura prometedora (con Planes de Acción de Cambio Climático Comunales, PACCC; y Comités Regionales, CORECC), pero arrastra un problema estructural: “se descentralizan responsabilidades sin descentralizar capacidades ni recursos”, advierte, en un marco donde las leyes orgánicas municipales y regionales fueron diseñadas para otra complejidad institucional y territorial.

En la práctica, los equipos municipales de medio ambiente están compuestos, salvo excepciones, por dos o tres personas que deben cubrir simultáneamente residuos, arbolado, ordenanzas y ahora también gestión climática. Sin pisos mínimos de dotación técnica, financiamiento y formación, los PACCC corren el riesgo de convertirse en documentos sin correlato operativo. Una revisión del Fondo Común Municipal que incorpore criterios de vulnerabilidad climática -y no sólo socioeconómica- permitiría compensar a comunas altamente expuestas a sequía e incendios, pero que hoy no reciben ninguna compensación por ese riesgo estructural.

A ello se suma una desconexión persistente entre los distintos instrumentos de planificación y la evidencia científica disponible. Los Planes Reguladores, los PROT, los Planes de Descontaminación Atmosférica (Ley 19.300) y los Planes Estratégicos de Recursos Hídricos en Cuencas de la DGA podrían integrar obligatoriamente los mapas de riesgo climático y los corredores ecológicos. Sin embargo, persiste una brecha entre, por ejemplo, los informes del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)², los del IPCC y los balances hídricos nacionales, y lo que finalmente autorizan los instrumentos de planificación vigentes. “La Evaluación Ambiental Estratégica -regulada por la Ley 19.300 y el DS 32 de 2015- no ha logrado cerrar esa brecha, porque su aplicación ha sido más procedimental que sustantiva”, señala.

Otro elemento crítico, que la literatura técnica suele soslayar -agrega la experta-, es la vulnerabilidad de estos procesos frente a los ciclos políticos. Basta con modificar directrices presidenciales, reducir la prioridad de una agenda en la DIPRES, reemplazar equipos técnicos en el MINVU, el MMA, Energía o la SUBDERE, o desfinanciar concursos del FNDR, para desarticular años de trabajo técnico sin derogar ninguna norma. “Instrumentos como la Política Nacional de Ordenamiento Territorial (PNOT, 2021) dependen así de voluntades con horizontes electorales de cuatro años, pese a que los problemas que abordan requieren perspectivas de al menos quince o veinte”, indica.

“Los territorios más dependientes del Estado son también los más expuestos a estas fluctuaciones”, advierte. En este sentido, proteger la implementación mediante plazos legales, indicadores verificables, presupuestos plurianuales protegidos y mecanismos de rendición de cuentas no es solo una cuestión de eficiencia técnica: “es fundamentalmente una medida de justicia espacial, que reduce la dependencia de los territorios más vulnerables respecto de las oscilaciones del ciclo político nacional”, señala la experta.

Futuro

De cara al futuro, Guevara Cué propone concentrar el liderazgo institucional en una agenda que integre con coherencia las dimensiones ambientales, sociales y económicas. En materia de ordenamiento territorial, destaca la densificación equilibrada en torno al transporte público -inspirada en el modelo de ciudad de quince minutos, adaptado a las realidades heterogéneas del territorio chileno- y un freno efectivo a la expansión sobre suelos agrícolas de alto valor. “La Ley 21.078 sobre Transparencia del Mercado del Suelo representó un avance, pero resulta insuficiente para contener la especulación; las propuestas del CNDU sobre banco de suelos y zonificación inclusiva siguen pendientes de implementación. La infraestructura verde y azul -parques inundables, renaturalización de quebradas, corredores de sombra y humedales urbanos amparados en la Ley 21.202 de Humedales Urbanos de 2020- debe concebirse como política de seguridad hídrica y climática, y no como ornamento paisajístico”, detalla.

Asimismo, enfatiza la urgencia de avanzar en soberanías locales en materia energética y alimentaria: comunidades energéticas bajo la Ley 20.571 y la Ley 21.505, generación distribuida con tarifas justas, y protección efectiva de la agricultura periurbana frente a la expansión inmobiliaria. En paralelo, la participación ciudadana vinculante adquiere carácter central: “los Comités Regionales para el Cambio Climático (CORECC), creados por la Ley 21.455, ganarían en legitimidad si incluyeran representación efectiva de comunidades y pueblos indígenas (en diálogo real con el Convenio 169 de la OIT). El Acuerdo de Escazú, promulgado mediante Decreto 209 del Ministerio de Relaciones Exteriores, ofrece un estándar jurídicamente exigible en acceso a la información, participación y justicia ambiental que todavía no permea suficientemente las prácticas institucionales. Quienes asumen los costos deben tener también capacidad de decisión, y no sólo voz”, afirma.

En paralelo, subraya la urgencia de una gobernanza multiescalar que articule acciones a nivel local, regional y nacional. El PROT, en particular, podría convertirse en el instrumento bisagra entre la Ley 21.455 Marco de Cambio Climático y la planificación territorial concreta, integrando riesgos climáticos, seguridad hídrica y justicia distributiva a escala de cuenca y de sistema urbano. Para la Región de O’Higgins esto resulta especialmente relevante: “sin un PROT vinculante es difícil coordinar la gestión hídrica del Cachapoal y el Tinguiririca, proteger los suelos del Valle Central o contener la presión inmobiliaria sobre el secano costero. Esto exige fortalecer las capacidades técnicas y presupuestarias de los gobiernos regionales y dotar a las áreas metropolitanas de instrumentos de planificación con real poder de incidencia”, indica.

Para la académica, la resiliencia integral no se logra únicamente con buenas leyes, sino con la continuidad de los procesos de implementación más allá del ciclo electoral. El Sexto Informe de Evaluación del IPCC (Grupo de Trabajo II, Capítulo 6, “Cities, Settlements and Key Infrastructure”) documenta que los avances relevantes en adaptación urbana integran infraestructura ecológica, tejido social y política social. En los incendios de 2017 y de Valparaíso de 2024, las redes vecinales operaron como primera respuesta antes que el Estado, evidenciando que la infraestructura social de cuidado es también infraestructura de seguridad. “Se trata de transformarse, pero sin que esa transformación y sus costos, recaigan nuevamente sobre los mismos territorios y las mismas personas”, concluye.

En un escenario global marcado por la incertidumbre y estas múltiples crisis, el diagnóstico de la Dra. Guevara Cué es inequívoco: Chile no enfrenta únicamente una crisis de sus ciudades, sino una crisis del modelo que las ha configurado durante décadas. Revertirla implica actuar sobre múltiples frentes de manera simultánea y sostenida: reforma de los instrumentos de planificación para dotarlos de vinculancia real, fortalecimiento de las capacidades técnicas y financieras de los gobiernos subnacionales, gobernanza multiescalar con participación vinculante de las comunidades, soberanías locales en energía y alimentos, y mecanismos institucionales que protejan la continuidad de las políticas frente a los ciclos políticos. “La respuesta —concluye— no puede ser parcial ni fragmentada: debe apuntar a una transformación profunda en la forma de planificar, gestionar y habitar el territorio, sin que esa transformación recaiga, una vez más, sobre los territorios y las personas que ya han cargado históricamente con los costos del modelo que hoy declaramos agotado”, finaliza.




[Podcast] María Luisa Murillo y Proyecto Fungi Cosmology: “Una invitación de esta índole siempre es atractiva”

Fungi Cosmology es el proyecto transdisciplinario que cruza diversas miradas en relación al Reino Fungi y que se presenta en el Museo de Arte Contemporáneo MAC y en Galería Suizspacio en Santiago.

Es también una alianza internacional que ha logrado reunir a científicos, artistas y curadores de Chile, Brasil y Suiza. “Es un grupo bastante amplio de personas que hicimos los tres viajes a terreno en torno a la investigación de los hongos”, señala María Luisa Murillo, directora de Casa-Museo Alberto Baeriswyl, CAB Patagonia, y co-curadora de la exposición en Chile.

Obra de Sebastián Calfuqueo